Kollektive | México | Nummer 615/616 - September/Oktober 2025

De la Soledad al Encuentro

Un colectivo revive un lugar abandonado en México a través del arte

En Atlixco, una ciudad del estado mexicano de Puebla, un colectivo de artistas transforma una antigua finca con pasado violento en un centro cultural independiente. Este reportaje cuenta la historia de La Sol, un lugar de resistencia, comunidad y utopías vividas.

Von Finnja Willner, Atlixco

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Desde la calle, es difícil imaginar lo que se esconde detrás de los muros ruinosos al pie del monte de la pintoresca ciudad de Atlixco. La finca, conocida durante mucho tiempo como Casa de la Soledad, es extensa y cuenta con numerosas habitaciones que parecen contar sus propias historias: un cine abandonado, jaulas de animales de un antiguo zoológico, un casino con columnas griegas, un pasillo al estilo de Stanley Kubrick que desemboca en un salón de fiestas vacío salvo una chimenea de mármol falso… Todo ello parece un sueño de otra época.

Las pesadas cortinas de terciopelo decoradas cuelgan del techo, foto murales descascarillados muestran bosques otoñales y lagos de montaña. Todo está cubierto por una fina capa de ceniza volcánica que viene de los cercanos volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Las fuentes de piedra se han quedado secas. La piscina del jardín descuidada está vacía, salvo por las hojas de los aguacates y las buganvillas que la rodean. Lo que en su día fue un lugar suntuoso donde se ejercía un poder violento, hoy invita a soñar nuevas historias, gracias a los movimientos de todos aquellos que llenan sus espacios de vida.

La propiedad pertenecía a Eleazar Camarillo Ochoa, una figura influyente de la región. Basándose en mecanismos de control informales, ejerció un poder político, económico y social decisivo en Atlixco y sus alrededores durante la segunda mitad del siglo XX. Carillo Ochoa pertenecía al Partido Revolucionario Institucional (PRI), era presidente de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM) y dominó la zona con mano dura que su mandato dejó una profunda herida en la memoria colectiva de Atlixco.

Tras su muerte en 1999 y la partida de su familia, la casa quedó sola, envuelta en silencio y telarañas durante muchos años, y cargada de historia y misterio. Hasta que la iniciativa artística Crisol comenzó a revivirla poco a poco y la rebautizó como La Sol. Dada la importancia histórica del edificio y su relación con la memoria colectiva de la ciudad, la iniciativa intenta transformar el legado de opresión en un lugar de aprendizaje y creación. «Sabemos que esta casa tiene un papel importante en la memoria colectiva de Atlixco y creemos que la ciudad y la casa merecen sanar estas heridas», dice Fole, una de las impulsoras de Crisol. «Por eso dejamos de llamarla la Casa de Camarillo o la Casa de la Soledad. Ahora la gente empieza a verla con otros ojos. Ya no como un lugar inquietante, sino como un lugar para todos nosotrxs. Un lugar para el encuentro y el intercambio, para la alegría y la creatividad. Ahora la gente empieza a llamarla La Sol».

Una casa con heridas que comienza a soñar

Hace dos años, la familia que compró la casa abandonada dio permiso a Fole y Allan Laurent, dos jóvenes artistas de la cercana ciudad de Puebla y fundadores de Crisol, para habitar la propiedad y utilizarla para eventos culturales.

Descubrieron la casa en 2021, cuando Allan buscaba un lugar adecuado para rodar una videodanza. En ese momento, la casa llevaba ya 20 años deshabitada, sus habitaciones y patios estaban desiertos y los jardines, cubiertos de maleza. Tras algunas negociaciones con los propietarios, finalmente obtuvieron acceso a toda la Casa de la Soledad y el proyecto Crisol encontró su primer hogar.

Fole se convirtió en la guardiana de la casa y desde entonces la habita con su perro Nica y sus gatos. Es un match inusual: la pequeña mujer de cabello corto y sonrisa pícara y esta enorme propiedad, cuyo kitsch pomposo aún deja entrever la antigua expresión de demostración de poder. A pesar de conocer su difícil pasado, Fole dice que la casa la hizo sentir bienvenida de inmediato: «Me pareció que la casa estaba esperando para reescribir su historia». Desde entonces, han organizado, en colaboración con artistas locales, sesiones musicales en vivo, rodajes de películas, noches de cine, residencias artísticas, talleres, espectáculos de danza y laboratorios creativos. Impulsan el proyecto con pasión y dedicación. Parece como si hubieran despertado a la casa de un profundo sueño al sacar la oscura capa de polvo volcánico.

Dentro de los objetivos de la iniciativa es descentralizar el arte y la cultura y crear un espacio para sus voces diversas, especialmente en las comunidades pequeñas. En México, la centralización del arte ha llevado a que la mayor parte de la vida cultural se concentre en las grandes ciudades, lo que limita el acceso de las localidades más pequeñas a espacios, recursos y redes. Para Allan, Atlixco, es una ciudad con una gran riqueza histórica y cultural y considera necesario crear lugares de creatividad y encuentro que den voz a lxs artistas locales y, al mismo tiempo, fomenten el diálogo con iniciativas nacionales e internacionales. Es así como, «Crisol y La Sol surgieron como respuesta a esta necesidad: un gesto que devuelve el arte a las comunidades, reconociendo que la cultura no solo pertenece a los grandes centros, sino que se nutre de la diversidad de sus contextos locales».

La visión de futuro es consolidar un espacio vivo, donde converjan talleres, exposiciones, residencias y encuentros, un punto de cruce entre lo local y lo global. Un espacio que funcione como laboratorio, refugio y plataforma, donde artistas y públicos se encuentren en igualdad de horizontes. «Cada exposición, cada colaboración, cada encuentro se convierte en un ladrillo que sostiene la construcción de algo más grande que nosotrxs: un espacio vivo y en movimiento que respira con la gente y se transforma con ella», afirma Allan. A través del proyecto, el espacio se resignifica, convirtiendo su pasado complicado en un futuro artístico que beneficia a la comunidad y revaloriza el patrimonio cultural desde una perspectiva colectiva.

El arte como práctica de resistencia más allá de las instituciones

«Cuando Allan y yo empezamos a imaginar Crisol, teníamos claro que el proyecto debía resumir muchos sueños en una sola propuesta», explica Fole sobre el origen de la idea. «Un espacio en el que el juego y la experimentación desempeñan un papel importante. Un trabajo que nos lleva a hacer lo que nos importa. Que nos desafía a ampliar nuestra visión de la creatividad, la colectividad, el compañerismo y la resiliencia».

«En Crisol creemos en la experimentación y en «cometer errores» como elementos esenciales y vitales del proceso de creación artística. Queremos crear espacios en los que todxs encuentran su lugar, en los que «cuánto sabes» y «tener un doctorado» no sean los criterios para acceder a ellos», dice Allan sobre la necesidad de crear espacios fuera de un contexto institucional y académico para que el arte sea accesible a todxs como medio de transformación social.

Como artista queer, para Allan es especialmente importante abrir un espacio para la diversidad de perspectivas y, cuando habla de La Sol, se puede sentir entre sus palabras la pasión que hay detrás del proyecto. «Este lugar es el inicio de un movimiento que intenta crear, desde el amor, la comprensión y la reflexión, una red que borra fronteras limitantes. Que nos acerque en nuestra diversidad y nos una como seres sensibles. Queremos escuchar aquellas voces que son reprimidas y silenciadas. Las que se ven obligadas a susurrar en los márgenes porque su forma de vida no encaja en una visión normativista del mundo. Mi motivación personal para el proyecto es crear un espacio que yo mismx llevo años buscando: un lugar donde las ideas puedan germinar sin miedo, donde el arte no sea un privilegio, sino un derecho para todxs. Donde cada proyecto sea un acto de siembra que permanezca en la memoria de los participantes y, aunque sea con pequeños gestos, cambie la forma en que habitamos y contemplamos nuestro entorno».

Una vez que el proyecto fue tomando forma de a poco, el centro cultural La Sol se inauguró oficialmente el 1 de marzo de 2025 con una exposición multimedia, instalaciones de video, performances y conciertos de artistas locales e internacionales. Numerosos visitantes de Atlixco, Puebla y Ciudad de México acudieron para conocer el lugar y sus actividades. La antigua Casa de la Soledad se llenó de risas, nueva vida y música. Las salas se transformaron gracias a las diversas obras de arte. Las paredes vacías ahora estaban cubiertas de pinturas y fotografías. Sobre el cuerpo de la enorme palmera seca del patio interior se proyectaba videoarte con música en vivo, y en la sala de cine la gente yacía fascinada en el suelo, al son de la música de un bajo y un saxofón, frente a las proyecciones de películas experimentales que invitaban a una nueva mirada sobre la casa. Con este festival cultural, diseñado de forma colectiva y con mucho cariño, se abrió un nuevo capítulo para el lugar, que ya había comenzado silenciosamente con el nacimiento de la iniciativa Crisol. Rei, una joven de Atlixco, cuenta cómo llevaba mucho tiempo soñando con visitar la Casa: «Este lugar envuelto en leyendas siempre me ha atraído mágicamente al pasar por la calle y a menudo fantaseaba con saltar la barda y echar un vistazo dentro. En aquel entonces aún no sabía que llegaría el momento perfecto: con Crisol descubrí enormes jardines y un lugar donde se vive la amistad y la comunidad. Donde puedo escuchar la música que me gusta. La Sol es un lugar donde me siento a gusto y que quiero compartir con la comunidad de Atlixco».

Crisol contempla la adquisición del edificio para evitar que sea vendido a agentes inmobiliarios, que lo volverían a poner en manos de particulares adinerados y acabarían con el sueño colectivo. Se prevé remodelar los espacios conservando su estructura original y utilizarlos para eventos culturales y residencias artísticas accesibles a la comunidad. Se pretende crear un lugar que hasta ahora no existía en Atlixco y que sea bienvenido y cocreado por lxs artistas locales y la población.

Hasta ahora, el proyecto se autogestiona por completo y es totalmente independiente, sin apoyo financiero externo. Este está sostenido por la energía y el compromiso de quienes lo impulsan. Sin embargo, está en búsqueda de apoyos y patrocinadores para hacerlo crecer y consolidarlo a largo plazo. Es un proyecto para la comunidad que necesita del apoyo de la comunidad,porque precisamente en estos tiempos, en los que hay tanto conflicto y abuso de poder en el mundo, necesitamos, como dice Fole, más espacios como este: «Cuando un idealcomún se devela en sus diferentes formas desde cada persona que aporta, somos testigos de que transformamos lo que nos rodea más de lo que comúnmente pensamos. Los centrosculturales como lugares de compartir saberes, encuentros y dudas te abren como trincheras amorosas que nos guardan del espectro atroz del capitalismo, patriarcado, colonialismo, zionismo y la guerra – todo lo que nos deja con un profundo sentimiento de desesperanza se cura un poco cuando puedes confiar en la persona que está junto a ti y verla florecer, floreciendo juntes».

Aquí se puede apoyar el proyecto!


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