“Más tiempo encarcelado que Nelson Mandela“

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Foto: Privado

César Oyola es abogado penalista y de derechos humanos, lidera desde hace 20 años la defensa de Víctor Polay. Intervino en la demanda ante la CIDH, presentada en 2007 por familiares y abogados de Víctor Polay, y admitida en 2022 por violaciones de derechos humanos.

¿Como llegó a ser representante legal de Victor Polay?
Soy de Huancayo, y después de Ayacucho, la región central fue la más golpeada por el conflicto armado. Siempre apoyé a la Iglesia Católica, que contaba con una pastoral de derechos humanos. Al mismo tiempo, observaba que algunos vecinos, universitarios y profesionales estaban militando en el MRTA. Muchas personas de organizaciones sociales y de izquierda militaban en el MRTA, entre ellos dirigentes de base, federaciones campesinas y mineras. Me llamaba la atención que personas que ni siquiera eran de izquierda estaban siendo buscadas, encarceladas, torturadas, y muchas de ellas desaparecidas. Esa inquietud me llevó a asumir algunas defensas, no solamente de personas inocentes, sino a quienes les imponían 20 años por pintar cuatro letras en la pared. Personas que, de manera equivocada o no, apostaban por un Perú más justo y mejor. Con otros abogados insistimos en que Víctor Polay y los militantes del MRTA cometieron el delito de rebelión, pero no de terrorismo. Así hubo un primer acercamiento con la familia de Víctor Polay.

¿En qué sentido Víctor Polay ha cometido rebelión, pero no terrorismo? ¿Cuál es también la diferencia entre el MRTA y el Sendero Luminoso, la otra organización guerrillera peruana conocida?
Lamentablemente el Estado durante estos años ha equiparado ambas organizaciones, pero en los hechos han sido totalmente diferentes: en lo ideológico, lo político y estratégico. El MRTA antes de reclamarse marxistas, reclamaba al Tupacamarismo como su ideología; el símbolo de la organización era la figura de Túpac Amaru II. El estatuto del MRTA establecía que sus acciones bélicas no debían afectar a la población civil e invocaban los convenios de Ginebra. Aunque el MRTA cometió crímenes, jamás incurrió en delitos de lesa humanidad. Nunca se va a encontrar en el informe de la Comisión de la Verdad o en sentencias que el MRTA haya cometido una masacre o haya accionado contra la población civil. No hubo acciones contra ronderos (organización campesina genuina de los Pueblos Indígenas, nota de la redacción) o alguna organización de base, porque simplemente el MRTA respetaba a estas organizaciones. Nunca el MRTA tuvo una política sistemática de voladuras de torres, puentes o ganados. El MRTA decía que los puentes eran infraestructuras que servían al pueblo, que los ganados eran los esfuerzos de las organizaciones campesinas. En cambio, uno de los factores clave en la derrota de Sendero Luminoso fue la intervención de los ronderos en su desmovilización. El Sendero Luminoso asesinó a dirigentes de izquierda, mientras el MRTA jamás lo hizo.
Al Estado le ha costado mucho reconocer que, a diferencia de Sendero, el MRTA actuaba siguiendo las reglas del convenio de Ginebra: sus intervenciones guerrilleras siempre fueron con implementos y distintivos militares para evitar daños colaterales a la población civil. Sin embargo, la lógica jurídica estatal trató a Sendero Luminoso y al MRTA sin hacer distinciones, utilizando el tipo penal de terrorismo, a pesar de que Víctor Polay no tiene ningún cargo por asesinato. En su condena, los magistrados peruanos aplicaron por primera vez la teoría de la autoría mediata: Polay no cometió directamente ningún crimen; sin embargo, como jefe de la organización asumió la pena máxima correspondiente.

¿En qué condiciones han estado encarcelados Víctor Polay y sus allegados?
Desde el 1993, Víctor Polay ha estado encarcelado en la prisión militar en la Base Naval del Callao. Durante los primeros 10 años estuvo recluido en una celda sin puerta de 2×3 metros, donde dormía, hacía sus necesidades, recibía su comida por un agujero en el techo, y salía solo media hora al día. Una vez al mes le dejaban hablar media hora con un familiar, en presencia de un comandante de la marina  ̶  en total 6 horas al año, el resto era silencio, un aislamiento total. No fue sino hasta que vinieron las intervenciones de la Cruz Roja Internacional, Defensoría del Pueblo y Comisión Interamericana, que comenzaron a flexibilizar sus condiciones carcelarias. Hace dos años la Comisión Interamericana reconoció indicios de que Víctor Polay fue víctima de trato inhumano, degradante y de tortura psicológica. Ya hemos perdido la cuenta de los “habeas corpus” que hemos pedido para que Víctor esté en una prisión del Estado. Incluso hemos pedido que dentro de la prisión militar se le asigne personal del Estado del Instituto Nacional Penitenciario. El personal militar de esta prisión solo castiga, disciplina e ejemplifica, contrario a lo que establece la constitución del Perú en su artículo 139: que el fin de la pena es resocializar a los presos, reinsertarlos a la sociedad.
A Víctor le siguen restringiendo sus derechos: en otros penales los presos pueden estudiar y ejercer su derecho a recibir visitas de amistades. En cambio, Víctor hasta ahora no tiene derecho a estudiar y durante estos 35 años solo ha podido recibir visitas de familiares de primer grado y de sus abogados. Además, nadie quiere ir a visitarlo a esa prisión militar porque, al llegar, sabe que será humillado por los militares y, al día siguiente, convertido en una persona perseguida, investigada y terruqueada. El caso de Víctor no tiene comparación en la historia carcelaria: son 35 años en esas condiciones, superando incluso a Nelson Mandela. No obstante, la prensa nacional no ha dado cobertura a su situación legal ni a sus condiciones de reclusión.

¿Qué es el terruqueo y cuál es su vigencia en la política, en vísperas de las elecciones del próximo año?
Hablamos de terruqueo cuando los políticos de derecha y el Estado descalifican a sus adversarios políticos, llamándolos terroristas sin argumentos ni objetividad. El terruqueo ha sido normalizado en el país y se ha vuelto una institución. Antes, el terruqueo se dirigía al propio militante de la guerrilla, pero también se acusaba, sin fundamento, a abogados o a familiares sin vínculos con el MRTA de haber cometido delitos de terrorismo. Hoy en día terruquean a toda persona que sea de izquierda, a socialdemócratas o incluso a aquella persona que tenga un mínimo de objetividad política. A todo el que salía a protestar por los más de cincuenta muertos de hace dos años (véase LN 594), lo calificaban de terrorista. Por el solo hecho de estar en contra del “establishment” ya eres terruqueado, el objetivo es desacreditar e incentivar el miedo estigmatizando la violencia política de los 80.
Eso está cambiando. En 2021 ganó la presidencia uno de los más terruqueados, el presidente Castillo. La gente se ha dado cuenta de que el terruqueo ya no es creíble. Incluso la presidenta Dina Boluarte hace buen tiempo ya no terruquea porque ya se ha dado cuenta que así nadie le cree.

Recientemente se ha desarchivado el expediente sobre la matanza de Molinos. ¿Cuál es la importancia de este caso?
Ni el Estado peruano ni el Poder Judicial han reconocido responsabilidades en esta masacre, en la que murieron cerca de 60 militantes del MRTA. Tiene que ver con el hecho de que el expresidente Alan García estaba comprometido. Han pasado 36 años, y apenas hace 2 años un fiscal valiente afirmó que este caso debe ser juzgado bajo los Convenios de Ginebra. Además, señaló la necesidad de denunciar a los responsables y, sobre todo, de entregar los restos a las familias para que se conozca la verdad: cerca de 20 guerrilleros se rindieron, pero fueron rematados extrajudicialmente o desaparecidos.
Hasta ahora solamente había un caso – el de la toma de la embajada de Japón – en el que una corte reconoció que un militante del MRTA que se había rendido fue ejecutado. Molinos va a ser el segundo caso, aunque más emblemático, pues una de las partes no respetó los Convenios de Ginebra. A la Fiscalía no le queda más que acusar a estas personas, a estos generales del ejercito, que aún permanecen impunes. El autor mediato que dio la orden, Alan García, lamentablemente ya se suicidó. Muchos creen que Alan García se quitó la vida por casos de corrupción, pero también había un asunto criminal pendiente en su contra: dos meses antes de suicidarse, fue notificado de que su condición como testigo en el caso Molinos había cambiado a procesado, por lo que debía presentarse en la ciudad de Huancayo.

Llama la atención que en Perú no hay un proceso de reintegración de ex-guerrilleros a la política nacional como en otros países de Latinoamérica.
Gustavo Petro, Dilma Rousseff, Pepe Mujica y Salvador Sánchez fueron guerrilleros, así como muchos otros que en algún momento asumieron la lucha guerrillera y ahora han llegado al poder o son una opción política viable. Lamentablemente, en el Perú eso no ocurre. Por ejemplo, desde hace 12 años el procurador público de terrorismo ha sido el señor Mirko Ruiz, cuyo padre fue asesinado por un comando del MRTA. Eso fue un crimen y lo lamentamos, pero él debería inhibirse por una cuestión de ética o de decencia. Sin embargo, Mirko Ruiz lleva muchos años instrumentalizando su cargo para hacer venganza y perseguir políticamente a personas que solo hacen uso de la libertad de expresión. Hoy en día, hay más de mil personas procesadas por apología del terrorismo solo por expresar frases como “Víctor Polay: libertad, gloria y honor”. Desde el fin del conflicto armado, ningún político o partido ha tenido la capacidad de poner un punto final. En Colombia, el expresidente Santos, de derecha y exministro de Defensa, impulsó la pacificación. En cambio, en el Perú no se han querido resolver las consecuencias del conflicto armado; por el contrario, para obtener réditos políticos, siguen insistiendo en que el terrorismo se mantiene activo.

Víctor Polay debería salir en libertad en enero de 2026. Sin embargo, aún le siguen abriendo nuevos procesos en su contra.
A Víctor le han abierto un proceso descabellado para evitar su libertad, gracias a la venganza de Mirko Ruiz. Responsabilizaron al MRTA de un hecho de hace más de 30 años, la muerte de 8 personas que pertenecían supuestamente a la comunidad LGBTIQ*. Ya se ha llegado a establecer que las personas no eran LGBTIQ* y ha asumido su responsabilidad una persona que se acogió a la ley de arrepentimiento y no puede ser procesada por tener cierta inmunidad. Ante esta sorpresa, presentaron una nueva acusación: que en el MRTA eran seguidores del Che Guevara y, dado que él fue homofóbico, denunciaron a los dirigentes del MRTA por implementar una política de persecución contra homosexuales, similar a la que hubo en Cuba. Ponen unas muertes donde no hay cuerpos. Estamos a la espera para que el caso sea archivado, pero pueden alargarlo. La presidenta Dina Boluarte ha declarado que mientras éste régimen exista, Víctor Polay no saldrá de prisión, asumiéndose como juez y fiscal, violando la autonomía e independencia de los poderes del Estado. Además, la salida de Víctor de la cárcel coincidirá con un período electoral, y todos los políticos aprovecharán para decir: ¿cómo es posible que nuevamente vuelva el terrorismo?

Hace poco, la novela Atusparia de Gabriela Wiener ha vuelto a poner el caso de Víctor Polay en el centro del debate.
El libro de Gabriela Wiener, entre líneas, retrata la historia de las resistencias de las luchas populares en nuestro país, de la persecución a las ideas y las aspiraciones de libertad. Allí se menciona el libro “Revolución en los Andes” de Víctor que en el Perú está censurado a pesar de que en el asume su responsabilidad política y jurídica, pide perdón a las víctimas, y declara su adhesión a la vida democrática. La ficción es sorprendente, Gabriela descubrió que las entrevistas en las que se basa el libro de Víctor fueron realizadas por su padre, un dirigente histórico muy cercano y solidario con Víctor. Ella, muy emocionada, alguna vez dijo que el libro de Víctor debería estar en las bibliotecas de las escuelas como un ejemplo de reconciliación, perdón y memoria.


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„Länger inhaftiert als Nelson Mandela“

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Foto: Privat.

César Oyola ist Strafverteidiger und Menschenrechtsanwalt. Seit 20 Jahren ist er leitender Anwalt von Víctor Polay. Gemeinsam mit Familienangehörigen und Anwälten von Polay reichte er im Jahr 2007 eine Klage bei der Interamerikanische Kommission für Menschen­rechte (CIDH) wegen Verletzung von Polays Menschenrechten ein, die 2022 angenommen wurde.

Wie kam es dazu, dass Sie Victor Polay als Anwalt vertreten?
Ich stamme aus Huancayo, die Region Perus, die nach Ayacucho am meisten vom bewaffneten Konflikt betroffen war. Ich war immer mit der katholischen Kirche verbunden, die aktive Menschenrechtsarbeit machte. Gleichzeitig sah ich, wie sich Nachbarn, Studenten und Berufstätige der MRTA anschlossen. Menschen aus vielen linken und sozialen Organisationen schlossen sich damals der MRTA an, etwa Bauern oder Bergleute. Aber auch Menschen, die nicht einmal links waren, wurden während des Konflikts gesucht, eingesperrt, gefoltert und verschwinden gelassen. Das hat mich sehr besorgt. Deshalb habe ich die Verteidigung einiger Personen übernommen, nicht nur völlig Unschuldiger, sondern auch von Personen, die zu 20 Jahre Haft verurteilt wurden, weil sie „MRTA“ auf eine Wand geschrieben hatten. Personen, die auf die eine oder andere Weise – verkehrt oder nicht – ein gerechteres, besseres Peru erreichen wollten. Ich und andere Anwälte vertraten die Ansicht, dass Víctor Polay und die Mitglieder der MRTA Akte der Rebellion, nicht aber des Terrorismus begangen hatten. So kam es zu einer Annäherung mit seiner Familie.

Rebellion, aber kein Terrorismus – können Sie das näher erläutern? Inwiefern unterscheidet sich die MRTA vom Leuchtenden Pfad, der anderen bekannten Guerrillabewegung in Peru?
Leider hat der Staat beide Guerrillabewegungen stets gleichgesetzt, aber tatsächlich unterscheiden sie sich in ideologischer, politischer und strategischer Hinsicht stark. Die MRTA bezog sich ideologisch vor allem auf den Indigenen Freiheitskämpfer Túpac Amaru II, mehr noch als auf den Marxismus. Laut dem Statut der MRTA durften ihre kriegerischen Handlungen nicht die Zivilbevölkerung treffen und mussten im Einklang mit der Genfer Konvention erfolgen. Die MRTA hat zwar Verbrechen, aber nie Verbrechen gegen die Menschlichkeit begangen. Weder im Bericht der Wahrheitskomission noch in Gerichtsurteilen findet sich ein Hinweis auf gegen die Zivilbevölkerung gerichtete Handlungen oder Massaker. Es gab auch keine Auseinandersetzungen zwischen ronderos (bäuerliche, Indigene Organisationen, Anm. d. Red.) oder anderen Basisorganisationen und der MRTA, weil die MRTA diese Organisationen respektierte. Die MRTA hat nie systematisch Strommasten, Brücken oder Viehbestände angegriffen, da sie sagte, dass Brücken Infrastruktur seien, die dem Volk dienen und dass das Vieh die Mühen der bäuerlichen Organisationen repräsentiere. Die ronderos haben sich wiederum für die Demobilisierung des Leuchtenden Pfades ausgesprochen, was ein wichtiger Faktor bei seiner Niederlage war. Der Leuchtende Pfad hat Führungspersonen der peruanischen Linken ermordet, was die MRTA niemals getan hat.
Der peruanische Staat hat sich sehr schwer damit getan, anzuerkennen, dass die MRTA im Gegensatz zum Leuchtenden Pfad in Übereinstimmung mit der Genfer Konvention gehandelt hat: Bei ihren Guerrillaaktionen ist sie uniformiert aufgetreten und mit Regeln, um Opfer in der Zivilbevölkerung zu vermeiden. Rechtlich wurden der Leuchtende Pfad und die MRTA jedoch vom Staat ohne Unterschied des Terrorismus beschuldigt und entsprechend verfolgt. Victor Polay ist jedoch in keinem einzigen Fall des Mordes angeklagt. Die peruanischen Richter haben bei ihm erstmalig das Prinzip der mittelbaren Täterschaft angewendet – auch wenn er selbst kein Verbrechen begangen hat, bekam er als Anführer der Organisation die höchste Strafe.

Wie sind die Haftbedingungen von Víctor Polay und anderen Inhaftierten der MRTA?
Seit 1993 ist Víctor Polay im Militärgefängnis von Callao inhaftiert, während der ersten zehn Jahre in einer nur zwei mal drei Meter großen Zelle, die er nur für eine halbe Stunde pro Tag verlassen durfte. In dieser Zelle schlief er, verrichtete sein Geschäft und bekam über ein Fenster sein Essen. Eine halbe Stunde pro Monat durfte er in Begleitung eines Offiziers mit einem Familienmitglied sprechen, insgesamt also sechs Stunden Familienkontakt pro Jahr. Der Rest war totale Isolierung. Erst als sich das Internationale Komitee vom Roten Kreuz, der nationale Ombudsmann und die Interamerikanische Kommission für Menschen­rechte (CIDH) einmischten, verbesserten sich seine Haftbedingungen. Vor zwei Jahren hat die CIDH endlich festgestellt, dass Víctor Polay Opfer unmenschlicher und erniedrigender Behandlung sowie psychologischer Folter war. Wir haben unzählige Haftprüfungsverfahren angestrengt, damit Víctor in ein staatliches Gefängnis verlegt wird oder, falls er im Militärgefängnis bleibt, zumindest von Personal der staatlichen Gefängnisbehörde INPE betreut wird, die im Einklang mit der Verfassung auch die Resozialisierung von Gefangenen im Blick hat. Dem Militär geht es dagegen nur um Bestrafung und Disziplinierung. Víctors Rechte werden nach wie vor beschnitten: in anderen Gefängnissen haben Inhaftierte das Recht zu studieren und jeden Sonntag Freunde zu empfangen. Víctor dagegen darf bis heute nicht studieren und nach wie vor lediglich Familien­angehörige ersten Grades sowie seine Anwälte empfangen. Besucher werden in diesem Gefängnis zudem vom Militär erniedrigt, anschließend verfolgt und zum Ziel von terruqueo. Víctors Fall ist beispiellos: 35 Jahre inhaftiert unter diesen Bedingungen, das ist sogar länger als Nelson Mandela. Die peruanische Presse hat über seine Haftbedingungen und rechtliche Situation jedoch nie berichtet.

Sie erwähnen das peruanische Phänomen des terruqueo. Worum handelt es sich und welche Bedeutung hat es heute in der Politik von Peru?
Wir sprechen von terruqueo, wenn rechte Politiker und der Staat ihre politischen Gegner herabsetzen, wenn sie Linke abseits jeglicher Argumente oder Objektivität als Terroristen bezeichnen. Das ist mittlerweile zur Normalität in Peru geworden. Früher traf der terruqueo hauptsächlich die Mitglieder der Guerrilla selbst, deren Anwälte oder Familienmitglieder. Heute wird unter Verweis auf die politische Gewalt der 80er Jahre versucht, Ängste zu wecken. Der terruqueo trifft jeden, der politisch links ist – auch Sozialdemokraten oder einfach nur Menschen, die vor zwei Jahren wegen der über 50 Toten (siehe LN 594) auf die Straße gingen. Es reicht, gegen das politische Establishment zu sein.
Immerhin gibt es eine Veränderung. Im Jahr 2021 gewann Pedro Castillo die Präsidentschaftswahl, obwohl er mit am meisten unter dem terruqueo zu leiden hatte. Die Leute merken, dass der terruqueo nicht mehr glaubwürdig ist. Sogar die Präsidentin Dina Boluarte hat damit aufgehört, weil sie verstand, dass man ihr nicht mehr glaubt.

Seit kurzem wird der Fall des Massakers von Molinos im Jahr 1989 neu aufgerollt. Worin liegt seine Bedeutung?
Weder der peruanische Staat noch die Justiz haben Verantwortliche für dieses Massaker benannt, bei dem etwa 60 MRTA-Kämpfer ermordet worden sind. Das hat mit der Verwicklung des Expräsidenten Alan García in diesen Fall zu tun. Es sind 36 Jahre vergangen, und erst vor zwei Jahren hat ein mutiger Staatsanwalt bekräftigt, dass dieser Fall unter der Genfer Konvention verhandelt werden müsse. Er verlangte auch, dass die Verantwortlichen angezeigt sowie die sterblichen Überreste an die Angehörigen übergeben werden müssen, damit die Wahrheit ans Licht kommt. Die Wahrheit ist, dass etwa 20 Guerrilleros sich ergaben, aber dennoch außergerichtlich ermordet oder verschwinden gelassen wurden.
Zuvor gab es erst einen Fall, in dem ein Gericht anerkannt hat, dass ein MRTA-Kämpfer, der sich ergeben hatte, anschließend hingerichtet wurde. Der Fall Molinos ist allerdings weit bedeutsamer, da eine der Parteien die Genfer Konvention nicht eingehalten hat. Der Staatsanwaltschaft bleibt nichts übrig, als die verantwortlichen, bisher straffreien Generäle bald anzuklagen.
Viele denken, dass Alan García sich 2019 wegen seiner Verwicklung in Korruptionsfälle das Leben genommen hat. Es wurde jedoch auch wegen des Massakers von Molinos gegen ihn ermittelt: Zwei Monate vor seinem Selbstmord wurde er benachrichtigt, dass er in dem Fall als Beschuldigter aussagen müsse.

Warum gibt es in Peru keine Eingliederung ehemaliger Guerrilla-Kämpfer*innen in die Politik, so wie in anderen Ländern Lateinamerikas?
Gustavo Petro, Dilma Rousseff, Pepe Mujica oder Salvador Sánchez waren einst bei der Guerrilla, viele andere mit einer solchen Vergangenheit kamen an die Macht oder tun es vielleicht noch. Leider passiert das in Peru nicht. Seit zwölf Jahren ist zum Beispiel mit Mirko Ruiz jemand Staatsanwalt für Terrorismus, dessen Vater von einem MRTA-Kommando ermordet wurde. Das war ein Verbrechen, das wir bedauern, aber trotzdem sollte Mirko Ruiz sich für befangen erklären. Stattdessen missbraucht er seit Jahren sein Amt, um Menschen politisch zu verfolgen und Rache zu nehmen. Heute gibt es gegen über 1.000 Personen Prozesse wegen angeblicher Verharmlosung des Terrorismus, nur weil sie Sätze wie „Víctor Polay – Freiheit, Ruhm und Ehre“ gesagt haben. Seit dem Ende des bewaffneten Konfliktes hat es kein Politiker vermocht, einen Schlussstrich zu ziehen. In Kolumbien hat der ehemalige Präsident Santos die Befriedung vorangebracht. In Peru hat sich dagegen niemand darum gekümmert – im Gegenteil, um einen politischen Nutzen zu erzielen, behaupten die Politiker hier, dass es immer noch Terrorismus gibt.

Víctor Polay müsste im Januar 2026 aus der Haft entlassen werden. Trotzdem werden noch neue Strafprozesse gegen ihn eröffnet.
Auch dank Mirko Ruiz werden immer wieder haltlose Anschuldigungen gegen Víctor vorgebracht, um seine Haftentlassung zu verhindern. Wir hoffen, dass das zu den Akten gelegt wird. Präsidentin Dina Boluarte hat jedoch erklärt, dass Víctor Polay nicht freigelassen wird, solange sie an der Macht ist – sie spielt sich als Richterin und Staatsanwältin auf und respektiert die Unabhängigkeit der Justiz nicht. Víctors Freilassung fällt außerdem in die Zeit des Wahlkampfes, und alle Politiker werden sagen: „Wie ist es möglich, dass nun der Terrorismus zurückkommt?“


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„Das Leben ist wundervoll…“

Foto: Pablo Valadares (CC BY 3.0)

„Ich sterbe“, sagte Mujica im Januar 2025 der Zeitschrift Búsqueda. „Mein Zyklus ist vorbei (…) Der Krieger hat das Recht, sich auszuruhen.“
Im April 2024 wurde bei ihm Speiseröhrenkrebs diagnostiziert, der Anfang 2025 im Endstadium war. Aufgrund seines Alters und chronischer Krankheiten verzichtete er auf eine Behandlung, und entschied, seine letzten Tage in Ruhe zu verbringen. Am 13. Mai, eine Woche vor seinem 90. Geburtstag, verabschiedete sich einer der einflussreichsten linken Politiker Südamerikas dann endgültig. Sein politisches Leben – vom Guerillero zum Präsidenten – war geprägt von Prinzipientreue, Bescheidenheit und dem Streben nach Gerechtigkeit.
José Alberto Mujica Cordano wurde 1935 in Montevideo geboren. Der Sohn kleiner Landarbeiter begann seine politische Laufbahn in der Nationalen Partei, die heute als gemäßigt konservativ, liberal und christdemokratisch gilt. Er bekleidete sogar das Amt des Generalsekretärs der Jugendorganisation, verließ die Partei jedoch, um sich linken Bewegungen anzuschließen.
Mitte der 1960er Jahre gehörte Mujica zu den Gründern des Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), einer linken Stadtguerilla, die mit Methoden wie Raubüberfällen, Entführungen und Exekutionen gegen die von ihr als unterdrückerisch empfundene Regierung kämpfte.
1972 wurde er zusammen mit einer Gruppe von Kämpfern gefangen genommen und fast 13 Jahre lang gefoltert. Er blieb während der gesamten uruguayischen Militärdiktatur von 1973 bis 1985 im Gefängnis. „In den Jahren im Gefängnis hatte ich viel Zeit, mich kennenzulernen“, sagte er später. Seine Zeit dort war eine „Routine für die, die sich entscheiden, die Welt zu verändern“.
Mindestens sechs Jahre verbrachte er in Einzelhaft. In dieser Zeit erinnerte er sich an die Bücher, die er gelesen hatte: Er versuchte, sich Bücher über Literatur, Geschichte und Wissenschaft mental vorzustellen. Er tat dies langsam, um diese Erinnerungen zu genießen und dem Lauf der Zeit zu widerstehen.

Vom Guerillero zum Präsidenten

Über die Guerilla lernte Mujica 1971 seine Lebensgefährtin kennen: Lucía Topolansky, die ebenfalls Mitglied der MLN-T war. „Wir vereinen zwei Utopien. Die Utopie der Liebe und die Utopie der Militanz“, sagte Topolansky in dem Dokumentarfilm El Pepe, una vida suprema.
Auch Topolansky war während der Diktatur inhaftiert und bekleidete nach der Re-Demokratisierung politische Ämter wie das der Vizepräsidentin der Republik zwischen 2017 und 2020. Seit 2020 ist sie Senatorin. Ihre Beziehung mit Mujica wurde zum Symbol für eine nicht nur romantische, sondern auch politische Partnerschaft, in der sie Ideale, Kämpfe und einen einfachen Lebensstil teilten.

Foto: Casa Rosada (CC BY 2.5 AR)


„Der ärmste Präsident der Welt“

Nach dem Ende der Diktatur 1985 trat Mujica dem Linksbündnis Frente Amplio bei, wurde 1994 Abgeordneter, fünf Jahre später Senator und 2005 Landwirtschaftsminister (siehe Interview in LN 308). 2010 dann gewann er die Präsidentschafswahlen – inmitten der „rosa Welle“, einer Phase progressiver Regierungen in Lateinamerika.
Seine Regierung (2010–2015) setzte soziale Reformen um, darunter die Legalisierung von Abtreibung (2012), gleichgeschlechtlicher Ehe (2013) und Cannabis (2013) – letzteres machte Uruguay weltweit zum Pionier. Trotz wirtschaftlicher Herausforderungen wie Inflation konnten Armut und Arbeitslosigkeit reduziert werden.
Mujica pflegte allerdings ein angespanntes Verhältnis zu führenden Figuren seiner Koalition, etwa Tabaré Vázquez und Danilo Astori, was Strukturreformen erschwerte. Dennoch war ein stets pragmatischer und unideologischer Politikstil Kennzeichen seiner Präsidentschaft. Vieles erreichte er nicht durch Dekrete, sondern durch Überzeugungskraft.
Mujica trat für eine gerechte und gleichmäßige Verteilung des Wohlstands ein. Er war der Meinung, dass Menschen für ein würdiges Leben materielle Grundvoraussetzungen brauchen, dass aber darüber hinaus Reichtum immateriell sein sollte, wie Kultur und Bildung. Es gelang ihm dabei, die Kohärenz zwischen Diskurs und Praxis zu bewahren.
Weltweit bekannt wurde er durch seine gelebte Bescheidenheit: Er lehnte die Präsidentenresidenz ab, lebte mit Lucía und Hund Manuela auf einem kleinen Bauernhof, fuhr einen alten VW-Käfer und spendete den Großteil seines Gehalts. Internationale Medien nannten ihn den „ärmsten Präsidenten der Welt“. Doch Mujica konterte 2014 der CNN: „Ich bin nicht arm. Ich bin nüchtern. Ich lebe mit so wenig, dass es meine Freiheit nicht einschränkt.“
Er trat 2020 mit 85 Jahren aus dem Senat zurück, blieb aber politisch aktiv. „Ich gehe mit Dankbarkeit, vielen Erinnerungen und tiefer Nostalgie“, schrieb er in seinem Rücktrittsschreiben.


Ein Leben mit Sinn

„Wenn es keine Sache gibt, für die man brennt, dann lebt man, um Rechnungen zu bezahlen“, sagte Mujica 2024 in einem BBC-Interview. Für ihn bestand der Sinn des Lebens nicht in materiellem Wohlstand, sondern im Engagement für Menschlichkeit. In der New York Times sagte er: „Das Leben ist wundervoll, aber es verschleißt. Man muss dem Leben einen Sinn geben und für das menschliche Glück kämpfen – nicht nur für Reichtum.“
Sein Tod ist nicht das Ende seines Einflusses. Er bleibt als Symbol eines stillen Revolutionärs in Erinnerung – jemand, der authentisch lebte, wofür er kämpfte. Sein Vermächtnis zeigt: Eine linke Politik kann radikal, menschlich und kohärent zugleich sein.


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