Nuevas formas tecnocoloniales

El círculo Milei Peter Thiel también visitó Argentina (Foto: residencia.gob.ar (CC BY))

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Peter Thiel nació en Frankfurt en 1967 y emigró de niño a Estados Unidos. Estudió filosofía y derecho en Stanford, donde en los años ochenta fundó The Stanford Review, una revista conservadora y libertaria que cuestionaba lo que consideraba el clima progresista dominante en las universidades estadounidenses.

Su salto empresarial llegó en 1998 con la creación de PayPal. La empresa, que luego incorporó a Elon Musk, fue vendida a eBay en 2002 por 1.500 millones de dólares y convirtió a Thiel en millonario. Con ese capital lanzó los proyectos que terminarían de consolidar su influencia en Silicon Valley.
En 2003 fundó Palantir Technologies, una empresa especializada en análisis masivo de datos e inteligencia artificial que trabaja con agencias militares y de seguridad de Estados Unidos. Un año después se convirtió en el primer gran inversor externo de Facebook con una participación inicial del 10,2%. A su alrededor empezó a consolidarse una red de empresarios e inversores tecnológicos, la llamada “PayPal Mafia”, que hoy En abril de 2026, un jet privado aterrizó en Buenos Aires.

A bordo viajaba Peter Thiel, fundador de Palantir, cofundador de PayPal junto a Elon Musk y uno de los empresarios más influyentes de Silicon Valley. En los días siguientes se reunió con Javier Milei, asistió al famoso Superclásico entre Boca Juniors y River Plate y compró una mansión de 1.600 metros cuadrados en una de las zonas más exclusivas de la ciudad por doce millones de dólares. Después viajó a Chile. Antes había estado en Ecuador. En este artículo se busca indagar en la visita del magnate tecnológico por América del Sur, identificando los objetivos y consecuencias geopolíticas que tiene para la región.

Peter Thiel nació en Frankfurt en 1967 y emigró de niño a Estados Unidos. Estudió filosofía y derecho en Stanford, donde en los años ochenta fundó The Stanford Review, una revista conservadora y libertaria que cuestionaba lo que consideraba el clima progresista dominante en las universidades estadounidenses. Su salto empresarial llegó en 1998 con la creación de PayPal. La empresa, que luego incorporó a Elon Musk, fue vendida a eBay en 2002 por 1.500 millones de dólares y convirtió a Thiel en millonario. Con ese capital lanzó los proyectos que terminarían de consolidar su influencia en Silicon Valley.

En 2003 fundó Palantir Technologies, una empresa especializada en análisis masivo de datos e inteligencia artificial que trabaja con agencias militares y de seguridad de Estados Unidos. Un año después se convirtió en el primer gran inversor externo de Facebook con una participación inicial del 10,2%. A su alrededor empezó a consolidarse una red de empresarios e inversores tecnológicos, la llamada “PayPal Mafia”, que hoy ocupa un lugar central en la política y la economía digital estadounidense.

Thiel también fue uno de los primeros grandes empresarios tecnológicos en apoyar públicamente a Donald Trump en 2016. Desde entonces, su influencia política no dejó de crecer.
En un ensayo publicado en una revista libertaria en 2009, llamado The Education of a Libertarian, Thiel escribió una frase que hoy en día expone buena parte de su pensamiento político: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles.”

Esta declaración de principios se convirtió en lo que se conoce como Ilustración Oscura (o Dark Enlightenment). Una corriente reaccionaria y tecnolibertaria que propone reemplazar las instituciones de la democracia liberal por formas de gobierno inspiradas en la lógica corporativa y jerárquica, dirigidas por élites tecnológicas. Así buscan sostener el liderazgo de Occidente.

Su principal referente intelectual es Curtis Yarvin, cuyo seudónimo literario es Mencius Moldbug. Yarvin propone el “neocameralismo”: un modelo político basado en la soberanía como propiedad privada y la fragmentación del mundo en unidades de gobernanza que pueden ser jerárquicas, teocráticas u oligárquicas, según el mercado decida. En palabras simples, que los Estados funcionen como empresas privadas. De esta forma, Yarvin busca acabar con lo que denomina “la Catedral”, una estructura internacional de instituciones de la democracia liberal que, simulando neutralidad y pluralismo, reproducen el consenso progresista.

President Donald Trump meets with Argentina’s President Javier Milei at the Gaylord National Resort & Convention Center in Oxon Hill, Maryland, on Saturday, February 22, 2025. (Foto: Official White House Photo by Molly Riley)


Thiel ha invertido en empresas de Yarvin, y éste ha descrito públicamente a Thiel como un personaje “completamente iluminado”. El actual vicepresidente de EE. UU., JD Vance, ha citado a Yarvin como influencia directa y le debe a Thiel la donación más grande en la historia de una campaña al Senado: quince millones de dólares en 2022. Thiel se convirtió en un financista y exponente estratégico de la ilustración oscura. Su pensamiento vincula una visión apocalíptica del cristianismo con la teoría política de Carl Schmitt. En un ciclo de conferencias privadas realizadas en 2025 que se filtraron, ha descrito el momento actual como análogo a la caída del Imperio Romano. Afirma que una civilización que no puede sostenerse necesita ser reemplazada, no reformada. De ahí que su apuesta sea por acelerar su colapso para que algo más eficiente lo sustituya.

El proyecto: la ilustración oscura

Esta posición tiene una consecuencia geopolítica que Yarvin sintetiza como la “doctrina Gorbachov al estilo estadounidense”. Lo usa para comparar el momento en que la Unión Soviética desmanteló el Pacto de Varsovia con la situación actual EE. UU., pues Trump estaría “abandonando el imperio” de la posguerra para redistribuirlo. “Cuando Vance se pronuncia a favor de la AfD, en realidad se pronuncia en contra de todo el orden de la posguerra”, indicó a inicios de 2025 en una entrevista en Le Grand Continent. Según su visión, los Estados sin capacidad de ser soberanos deben desaparecer y ser colonizados o recolonizados. ¿Quién gana en este escenario de caos total?

La respuesta de Thiel es Palantir Technologies. En abril de 2026, la empresa publicó un manifiesto de veintidós puntos. Es un manual geopolítico empresarial para el siglo XXI. Sostiene que la supervivencia ya no depende de la diplomacia estatal tradicional, sino de la disuasión algorítmica basada en software, inteligencia artificial y sistemas de defensa tecnológicos. La pregunta es quién desarrollará estas tecnologías y con qué propósito. Su proyecto es transformar el Estado en una filial de la infraestructura digital privada, vaciando la soberanía de su dimensión democrática y reemplazándola por la ley de la selva empresarial en un escenario de digitalización absoluta. Una distopía “orwelliana” camuflada como utopía de Silicon Valley.

Con todo, para América Latina el “momento Gorbachov” se convierte en la actualización de la doctrina Monroe, una nueva forma de colonialismo al servicio de un mundo digitalizado. Al dar por muerto el orden liberal de posguerra, EE. UU. redefine a América Latina como patio trasero con nuevas reglas. El viaje de Thiel por América Latina se inscribe en esta lógica y es parte de la avanzada diplomática del tecnofascismo en países afines.

En su viaje, Peter Thiel se mueve dejando la menor cantidad posible de rastros públicos. En Ecuador no dejó registros oficiales de su reunión con el presidente Noboa. En Argentina, los funcionarios apenas dejaron trascender que conversaron sobre “geopolítica y economía”. Y en Chile, por una denuncia anónima ante la Cámara de Diputados que supimos que se había reunido con el presidente Kast. Johannes Kaiser, excandidato presidencial de la ultraderecha chilena, y Santiago Peña, presidente de Paraguay, fueron de los pocos dirigentes que dieron pistas concretas sobre el viaje del tecnomagnate.
Cuando se reunió con el presidente Daniel Noboa de Ecuador, lo poco que trascendió es que uno de los temas centrales fue la expansión de los acuerdos entre Palantir y el Estado ecuato- riano. La hipótesis no surge sólo de esa visita: unos meses antes, funcionarios ecuatorianos ya se habían reunido en el Foro Económico Mundial en Davos con Alex Karp, CEO y socio histórico de Thiel en Palantir, para discutir nuevas áreas de cooperación.

De esta manera, Ecuador se convirtió en el principal terreno de experimentación y puerta de entrada de Palantir en América Latina. Desde 2025, la empresa mantiene un contrato con el Servicio Nacional de Aduana para tareas de control aduanero vinculadas al combate del crimen.

Ante el éxito de esta colaboración, las conversaciones en Davos empezaron a ampliarse hacia otras áreas sensibles como la minería y la pesca. De esta forma, bajo el pretexto de eficiencia, el Estado ecuatoriano empezó a ceder funciones estratégicas de seguridad e inteligencia a una corporación privada estadounidense.

La gira de Thiel por el resto de Sudamérica parece seguir la misma lógica. Johannes Kaiser afirmó que Thiel estaba “buscando invertir en materia de minería”. Por su parte, el presidente paraguayo Santiago Peña contó que conversaron sobre “las oportunidades que Paraguay ofrece para el capital privado en sectores como inteligencia artificial, energía y tecnología financiera”. Detrás de esas reuniones aparece una misma ecuación: minerales críticos para el desarrollo de sus tecnologías, energía barata para alimentar infraestructura digital y acceso a sistemas estatales vinculados a seguridad, comercio y recursos estratégicos. La imagen se completa con el resto de los referentes latinoamericanos con quiénes eligió reunirse Thiel. Además de juntarse con Kaiser, en Chile tuvo una reunión secreta con el presidente José Antonio Kast. También conversó allí con José Piñera, ex ministro del Trabajo y Minería durante la dictadura de Pinochet.

El desafío democrático frente al tecnofascismoa

En Argentina, además de reunirse con Milei, también conversó con Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía. El vínculo con Sturzenegger no es menor. Las reformas impulsadas por su ministerio modificaron regulaciones sobre tierras y protección ambiental que facilitan tanto la inversión extranjera como la expansión de proyectos extractivistas. Por su parte, la reunión con Caputo se dio en medio de las discusiones por el “super RIGI”, el esquema con el que el gobierno libertario argentino busca atraer inversiones tecnológicas y de infraestructura a gran escala.
Cuatro países, gobiernos afines y un solo plan. Santiago Caputo, asesor central de Milei y uno de los articuladores de los contactos entre Thiel, Kaiser y Peña, definió el objetivo como convertir a la Argentina en “un socio estratégico para EE.UU. en la carrera ‘mineral’ frente a China” y avanzar hacia “una doctrina de seguridad nacional de alineamiento sistémico con EE. UU.”. Más allá de las diferencias entre países, esa lógica atraviesa buena parte de las reuniones que marcaron la gira de Thiel por América del Sur.

La visita de Thiel a América del Sur no es casual. Ocurre en un contexto de crecientes tensiones internacionales y de retroceso de Occidente como fuerza ordenadora de la globalización. En ese escenario, los magnates como Thiel buscan reconstruir el poder occidental a partir de las ideas de la Ilustración Oscura: desarmar las estructuras de la democracia liberal y construir Estados con estructuras corporativas y jerárquicas. Para eso, Estados Unidos necesita garantizar acceso a energía, minerales críticos y tecnologías estratégicas.

Desarmar las estructuras de la democracia liberal y construir Estados con estructuras corporativas

En los últimos años, Trump avanzó en esa dirección. Su gobierno negoció acuerdos con Brasil para asegurar prioridad de acceso a minerales estratégicos y profundizó con la intervención sobre Venezuela, donde además de petróleo existen importantes reservas de coltán. Desde su regreso al poder, Estados Unidos destinó más de mil millones de dólares a proyectos vinculados con la extracción de minerales críticos en la región. La diplomacia de Thiel busca funcionar como una extensión de esa estrategia. Con gobiernos desreguladores como plataforma, Palantir busca acceder a recursos naturales, tierras y energía barata de la región. Al mismo tiempo, la empresa avanza sobre áreas sensibles del Estado, ofreciendo sistemas de procesamiento de datos, vigilancia e inteligencia para sectores vinculados con seguridad, comercio y administración de recursos estratégicos.

Eso es lo que habilita la disuasión algorítmica a escala nacional y regional: algoritmos al servicio del Estado que faciliten el acceso de Estados Unidos a los recursos críticos, mientras normalizan el control social. El ejemplo más visible de esto es el vínculo entre Palantir y el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés) estadounidense, donde estas tecnologías ya forman parte de políticas de vigilancia y control migratorio.

Frente a este escenario, el problema para América Latina es económico, tecnológico y político. La expansión de empresas como Palantir plantea preguntas de soberanía, control democrático y dependencia en una etapa donde los datos, la infraestructura digital y la inteligencia artificial empiezan a ocupar un lugar sumamente estratégico. En este contexto, el desafío está en construir alternativas políticas capaces de disputar poder frente a este horizonte frenético digital que se avecina en manos de unos pocos.


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Kolonialismus der Technokraten

Kontrolle über die Hemisphäre Palantir als technologische Plattform für die US-Agenda in Lateinamerika (Foto:Official White House Photo by Daniel Torok)

El texto en español lo encuentras aqui.

Aber wer ist dieser Mann? Geboren 1967 in Frankfurt wandert Thiel bereits als Kind in die USA aus. Er studiert Philosophie und Jura in Stanford, wo er in den 1980er Jahren die konservativ-libertäre Zeitschrift The Stanford Review gründet. Sie sollte dem von ihm wahrgenommenen, progressiven Klima, das US-amerikanische Universitäten dominierte, ein Gegengewicht liefern.

Sein Durchbruch als Unternehmer gelingt ihm 1988 mit der Gründung von PayPal. Das Unternehmen, in das später Elon Musk eintritt, wird 2002 für 1,5 Milliarden Dollar an eBay verkauft und macht Thiel zum Millionär. Mit diesem Kapital startet er Projekte, die seinen Einfluss im Silicon Valley endgültig festigen sollten. Im Jahr 2003 gründet Thiel Palantir Technologies, ein auf Big Data und künstliche Intelligenz spezialisiertes Unternehmen, das mit Militär- und Sicherheitsbehörden der Vereinigten Staaten zusammen­­arbeitet. Ein Jahr später wird er mit einer anfänglichen Beteiligung von 10,2 Prozent zum ersten großen externen Investor von Facebook.

Um Thiel herum bildet sich nach und nach ein Netzwerk aus Unternehmern und Technologieinvestoren, die sogenannte PayPal-Mafia, die heute eine zentrale Rolle in der Politik und in der digitalen Wirtschaft der USA spielt. Peter Thiel gehört zudem zu den ersten großen Technologieunternehmern, die Donald Trump 2016 öffentlich unterstützten. Seitdem hat sein politischer Einfluss stetig zugenommen.
In einem Essay, der 2009 in der libertären Zeitschrift The Education of a Libertarian erschien, schrieb Thiel einen Satz, der heute zu großen Teilen seine politische Meinung widerspiegelt: „Ich glaube nicht mehr, dass Freiheit und Demokratie kompatibel sind.“

Diese Grundsatzerklärung ist zu dem geworden, was heute unter dem Begriff „dunkle Aufklärung“ (oder Dark Enlightenment) bekannt ist: Eine reaktionäre und techno-libertäre Strömung, die liberale, demokratische Institutionen durch Regierungsformen ersetzen will, die von der hierarchischen Unternehmenslogik inspiriert sind. Angeführt werden sie von Techno-Eliten, die die Führungsrolle des Westens sichern wollen. Sein wichtigster intellektueller Vorläufer ist Curtis Yarvin mit dem Pseudonym Mencius Moldbug. Yarvin vertritt den Neokameralismus – ein politisches Modell, das auf Souveränität als Privateigentum und der Aufteilung der Welt in Verwaltungseinheiten basiert, die je nach Marktentscheidung hierarchisch, theokratisch oder oligarchisch sein können.

In einfachen Worten heißt das, Staaten funktionieren wie Privatunternehmen. Auf diese Weise will Yarvin zerschlagen, was er als „die Kathedrale“ bezeichnet – ein internationales Geflecht liberal-demokratischer Institutionen, die unter dem Deckmantel von Neutralität und Pluralismus den progressiven Konsens reproduzieren. Thiel hat in Unternehmen von Yarvin investiert, und dieser hat Thiel öffentlich als eine „völlig erleuchtete“ Persönlichkeit beschrieben. Der derzeitige Vizepräsident der USA, JD Vance, hat Yarvin als dessen direkten Einfluss genannt und verdankt Thiel die größte Spende in der Geschichte eines Senatswahlkampfs: fünfzehn Millionen Dollar im Jahr 2022.

Das Projekt „dunkle Aufklärung“

Thiel wurde so zu einem Finanzier und strategischen Vertreter der „dunklen Aufklärung“. Sein Denken verbindet eine apokalyptische Sichtweise des Christentums mit der politischen Theorie von Carl Schmitt. In einer Reihe von privaten, an die Öffentlichkeit gelangten, Vorträgen aus dem Jahr 2025, hat er die gegenwärtige Situation als analog zum Untergang des Römischen Reiches beschrieben. Er behauptet, dass eine Zivilisation, die sich nicht selbst erhalten kann, nicht reformiert, sondern ersetzt werden muss. Daher setzt er darauf, ihren Zusammenbruch zu beschleunigen, damit etwas Effizienteres an ihre Stelle tritt. Diese Haltung hat eine geopolitische Konsequenz, die Yarvin als „Gorbatschow-Doktrin nach amerikanischem Vorbild“ zusammenfasst.

Er nutzt diesen Begriff, um den Moment, als die Sowjetunion den Warschauer Pakt auflöste, mit der aktuellen Situation der USA zu vergleichen, da Trump das „Imperium“ der Nachkriegszeit „aufgeben“ würde, um es neu zu aufzuteilen. „Wenn Vance sich für die AFD ausspricht, spricht er sich in Wahrheit gegen die gesamte Nachkriegsordnung aus“, sagte Yarvin Anfang 2025 in einem Interview mit dem Grand Continent. Seiner Vision zufolge müssen Staaten, ohne die Fähigkeit souverän zu bleiben, verschwinden, kolonisiert oder rekolonisiert werden. Wer gewinnt in diesem Szenario des totalen Chaos? Die Antwort von Thiel: Palantir Technologies. Im April 2026 veröffentlichte das Unternehmen ein Manifest mit zweiundzwanzig Punkten. Es handelt sich um einen geopolitischen Leitfaden für die Wirtschaft im 21. Jahrhundert. Darin wird die These vertreten, dass das Überleben nicht mehr von der traditionellen Staatsdiplomatie abhängt, sondern von algorithmischer Abschreckung auf der Grundlage von Software, künstlicher Intelligenz und technologischen Verteidigungssystemen.

Fraglich ist, wer diese Technologien entwickeln wird – und zu welchem Zweck. Thiels Projekt ist es, den Staat in eine Tochtergesellschaft der privaten digitalen Infrastruktur zu verwandeln, indem die Souveränität seiner demokratischen Dimension entleert und in einem Szenario der vollständigen Digitalisierung durch das Gesetz des unternehmerischen Dschungels ersetzt wird. Eine orwellsche Dystopie, getarnt als Utopie des Silicon Valley.

Für Lateinamerika bedeutet der „Gorbatschow-Moment“ jedoch eine Neuauflage der Monroe-Doktrin, eine neue Form des Kolonialismus im Dienst einer digitalisierten Welt. Indem die USA die liberale Nachkriegsordnung für tot erklären, definieren sie Lateinamerika als ihren Hinterhof mit neuen Regeln. Thiels Reise durch Lateinamerika fügt sich in diese Logik ein und ist Teil des diplomatischen Vorstoßes des Technofaschismus in gleichgesinnten Ländern. Auf seiner Reise hinterlässt Peter Thiel so wenige öffentliche Spuren wie möglich. In Ecuador gab es keine offiziellen Aufzeichnungen über sein Treffen mit Präsident Noboa. In Argentinien ließen die Beamten lediglich durchblicken, dass sie über „Geopolitik und Wirtschaft“ gesprochen hätten.

In Chile erfuhren wir nur dank einer anonymen Anzeige bei der Abgeordnetenkammer, dass er sich mit Präsident Kast getroffen hatte. Johannes Kaiser, ehemaliger Präsidentschaftskandidat der chilenischen Rechtsextremen, und Santiago Peña, Präsident von Paraguay, gehörten zu den wenigen Politikern, die konkrete Hinweise auf die Reise des Technomagnaten gaben.

Thiels Spuren durch
 Lateinamerika folgen

Als er sich mit dem ecuadorianischen Präsidenten Daniel Noboa traf, wurde lediglich bekannt, dass eines der zentralen Themen die Ausweitung der Vereinbarungen zwischen Palantir und dem ecuadorianischen Staat war. Diese Vermutung ergibt sich nicht nur aus diesem Besuch: Bereits einige Monate zuvor hatten sich ecuadorianische Regierungsvertreter auf dem Weltwirtschaftsforum in Davos mit Alex Karp, dem CEO von Palantir und langjährigen Partner von Thiel, getroffen, um die weitere Zusammenarbeit zu besprechen. Auf diese Weise wurde Ecuador zum wichtigsten Testfeld und zum Einstiegsmarkt für Palantir in Lateinamerika. Seit 2025 unter hält das Unternehmen einen Vertrag mit dem Nationalen Zolldienst für Zollkontrollaufgaben im Zusammenhang mit der Verbrechensbekämpfung. Angesichts des Erfolgs dieser Zusammenarbeit weiteten sich die Gespräche in Davos auf andere sensible Bereiche wie den Bergbau und die Fischerei aus. So begann der ecuadorianische Staat unter dem Vorwand der Effizienz, strategische Aufgaben in den Bereichen Sicherheit und Nachrichtendienst an ein privates US-amerikanisches Unternehmen abzugeben.

Der Rest von Thiels Tour durch Südamerika scheint der gleichen Logik zu folgen. Johannes Kaiser bestätigt, dass Thiel auf der Suche nach Investitionsmöglichkeiten im Bergbau sei. Der paraguayische Präsident Santiago Peña erzählt wiederum, dass sie über die Möglichkeiten gesprochen hätten, die Paraguay für Privatkapital in Sektoren wie künstlicher Intelligenz, Energie und Finanztechnologie anzubieten habe. Hinter diesen Treffen verbirgt sich immer dieselbe Gleichung: für die Entwicklung dieser Technologien unverzichtbare Mineralien, günstige Energie zur Versorgung der digitalen Infrastruktur sowie Zugang zu staatlichen Systemen in den Bereichen Sicherheit, Handel und strategischer Ressourcen.

Das Bild wird durch die übrigen lateinamerikanischen Persönlichkeiten vervollständigt, mit denen sich Thiel getroffen hat. Neben seinem Treffen mit Kaiser hatte er in Chile ein geheimes Treffen mit Präsident José Antonio Kast. Dort sprach er auch mit José Piñera, dem ehemaligen Minister für Arbeit und Bergbau während der Pinochet-Diktatur.

In Argentinien traf sich Thiel nicht nur mit Milei, sondern führte auch Gespräche mit Federico Sturzenegger, dem Minister für Deregulierung, und Luis „Toto“ Caputo, dem Wirtschaftsminister. Die Verbindung zu Sturzenegger ist nicht zu unterschätzen. Die von dessen Ministerium vorangetriebenen Reformen haben die Vorschriften in den Bereichen Landnutzung und Umweltschutz geändert und erleichtern damit sowohl ausländische Investitionen als auch den Ausbau von Rohstoffförderungsprojekten.

Das Treffen mit Caputo fand seinerseits inmitten der Diskussionen um den „Super-RIGI“ statt, das Programm, mit dem die libertäre argentinische Regierung groß angelegte Investitionen in Technologie und Infrastruktur anziehen will. Vier Länder gleichgesinnte Regierungen und ein einziger Plan. Santiago Caputo, Mileis zentraler Berater und einer der Vermittler zwischen Thiel, Kaiser und Peña, definierte das Ziel darin, Argentinien zu „einem strategischen Partner der USA im Mineralien-Wettlauf gegen China“ zu machen und auf „eine nationale Sicherheitsdoktrin der systemischen Angleichung an die USA“ hinzuarbeiten. Abgesehen von den Unterschieden zwischen den einzelnen Ländern zieht sich diese Logik wie ein roter Faden durch einen Großteil der Treffen, die Thiels Reise durch Südamerika geprägt haben.

Eine Herausforderung für
die Demokratie

Thiels Besuch in Südamerika ist kein Zufall. Er findet vor dem Hintergrund wachsender internationaler Spannungen und des Rückgangs des Westens als ordnende Kraft der Globalisierung statt. In diesem Szenario versuchen Magnaten wie Thiel, die Macht des Westens auf der Grundlage der Ideen der „dunklen Aufklärung“ wieder aufzubauen, indem sie die Strukturen der liberalen Demokratie zersetzen und Staaten mit korporativen und hierarchischen Strukturen errichten. Dafür brauchen die USA Zugang zu Energie, kritischen Mineralien und strategischen Technologien.

In den letzten Jahren hat Trump bereits Schritte in diese Richtung unternommen. Seine Regierung handelte Abkommen mit Brasilien aus, um sich vorrangigen Zugang zu strategischen Mineralien zu sichern, und mit der Invasion von Venezuela, wo es neben Erdöl auch bedeutende Coltan-Vorkommen gibt, wird dieses Vorhaben gefestigt. Seit Trumps Rückkehr an die Macht haben die USA mehr als eine Milliarde Dollar für Projekte im Zusammenhang mit dem Abbau kritischer Mineralien in der Region bereitgestellt. Thiels Diplomatie soll als Erweiterung dieser Strategie fungieren. Mit deregulierenden Regierungen als Plattform strebt Palantir den Zugang zu natürlichen Ressourcen, Land und günstiger Energie in der Region an.

Gleichzeitig dringt das Unternehmen in sensible Bereiche des Staates vor und bietet Datenverarbeitungs-, Überwachungs- und Nachrichtensysteme für Sektoren an, die mit Sicherheit, Handel und der Verwaltung strategischer Ressourcen in Verbindung stehen. Genau das ermöglicht die algorithmische Abschreckung auf nationaler und regionaler Ebene: Algorithmen im Dienst des Staates, die den USA den Zugang zu kritischen Ressourcen erleichtern und gleichzeitig die soziale Kontrolle normalisieren.

Das deutlichste Beispiel hierfür ist die Verbindung zwischen Palantir und der US-Einwanderungsbehörde ICE, wo diese Technologien bereits Teil der Überwachungs- und Einwanderungskontrollpolitik sind.
Angesichts dieser Situation ist das Problem für Lateinamerika wirtschaftlicher, technologischer und politischer Natur. Die Expansion von Unternehmen wie Palantir wirft Fragen hinsichtlich staatlicher Souveränität, demokratischer Kontrolle und Abhängigkeit auf – und das in einer Phase, in der Daten, digitale Infrastruktur und künstliche Intelligenz zunehmend eine äußerst strategische Rolle einnehmen. Angesichts der rasanten digitalen Entwicklung, die von einzelnen Menschen vorangetrieben wird, besteht die Aufgabe darin, politische Alternativen zu entwickeln, die in der Lage sind, die Macht herauszufordern.


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