“Más tiempo encarcelado que Nelson Mandela“

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Foto: Privado

César Oyola es abogado penalista y de derechos humanos, lidera desde hace 20 años la defensa de Víctor Polay. Intervino en la demanda ante la CIDH, presentada en 2007 por familiares y abogados de Víctor Polay, y admitida en 2022 por violaciones de derechos humanos.

¿Como llegó a ser representante legal de Victor Polay?
Soy de Huancayo, y después de Ayacucho, la región central fue la más golpeada por el conflicto armado. Siempre apoyé a la Iglesia Católica, que contaba con una pastoral de derechos humanos. Al mismo tiempo, observaba que algunos vecinos, universitarios y profesionales estaban militando en el MRTA. Muchas personas de organizaciones sociales y de izquierda militaban en el MRTA, entre ellos dirigentes de base, federaciones campesinas y mineras. Me llamaba la atención que personas que ni siquiera eran de izquierda estaban siendo buscadas, encarceladas, torturadas, y muchas de ellas desaparecidas. Esa inquietud me llevó a asumir algunas defensas, no solamente de personas inocentes, sino a quienes les imponían 20 años por pintar cuatro letras en la pared. Personas que, de manera equivocada o no, apostaban por un Perú más justo y mejor. Con otros abogados insistimos en que Víctor Polay y los militantes del MRTA cometieron el delito de rebelión, pero no de terrorismo. Así hubo un primer acercamiento con la familia de Víctor Polay.

¿En qué sentido Víctor Polay ha cometido rebelión, pero no terrorismo? ¿Cuál es también la diferencia entre el MRTA y el Sendero Luminoso, la otra organización guerrillera peruana conocida?
Lamentablemente el Estado durante estos años ha equiparado ambas organizaciones, pero en los hechos han sido totalmente diferentes: en lo ideológico, lo político y estratégico. El MRTA antes de reclamarse marxistas, reclamaba al Tupacamarismo como su ideología; el símbolo de la organización era la figura de Túpac Amaru II. El estatuto del MRTA establecía que sus acciones bélicas no debían afectar a la población civil e invocaban los convenios de Ginebra. Aunque el MRTA cometió crímenes, jamás incurrió en delitos de lesa humanidad. Nunca se va a encontrar en el informe de la Comisión de la Verdad o en sentencias que el MRTA haya cometido una masacre o haya accionado contra la población civil. No hubo acciones contra ronderos (organización campesina genuina de los Pueblos Indígenas, nota de la redacción) o alguna organización de base, porque simplemente el MRTA respetaba a estas organizaciones. Nunca el MRTA tuvo una política sistemática de voladuras de torres, puentes o ganados. El MRTA decía que los puentes eran infraestructuras que servían al pueblo, que los ganados eran los esfuerzos de las organizaciones campesinas. En cambio, uno de los factores clave en la derrota de Sendero Luminoso fue la intervención de los ronderos en su desmovilización. El Sendero Luminoso asesinó a dirigentes de izquierda, mientras el MRTA jamás lo hizo.
Al Estado le ha costado mucho reconocer que, a diferencia de Sendero, el MRTA actuaba siguiendo las reglas del convenio de Ginebra: sus intervenciones guerrilleras siempre fueron con implementos y distintivos militares para evitar daños colaterales a la población civil. Sin embargo, la lógica jurídica estatal trató a Sendero Luminoso y al MRTA sin hacer distinciones, utilizando el tipo penal de terrorismo, a pesar de que Víctor Polay no tiene ningún cargo por asesinato. En su condena, los magistrados peruanos aplicaron por primera vez la teoría de la autoría mediata: Polay no cometió directamente ningún crimen; sin embargo, como jefe de la organización asumió la pena máxima correspondiente.

¿En qué condiciones han estado encarcelados Víctor Polay y sus allegados?
Desde el 1993, Víctor Polay ha estado encarcelado en la prisión militar en la Base Naval del Callao. Durante los primeros 10 años estuvo recluido en una celda sin puerta de 2×3 metros, donde dormía, hacía sus necesidades, recibía su comida por un agujero en el techo, y salía solo media hora al día. Una vez al mes le dejaban hablar media hora con un familiar, en presencia de un comandante de la marina  ̶  en total 6 horas al año, el resto era silencio, un aislamiento total. No fue sino hasta que vinieron las intervenciones de la Cruz Roja Internacional, Defensoría del Pueblo y Comisión Interamericana, que comenzaron a flexibilizar sus condiciones carcelarias. Hace dos años la Comisión Interamericana reconoció indicios de que Víctor Polay fue víctima de trato inhumano, degradante y de tortura psicológica. Ya hemos perdido la cuenta de los “habeas corpus” que hemos pedido para que Víctor esté en una prisión del Estado. Incluso hemos pedido que dentro de la prisión militar se le asigne personal del Estado del Instituto Nacional Penitenciario. El personal militar de esta prisión solo castiga, disciplina e ejemplifica, contrario a lo que establece la constitución del Perú en su artículo 139: que el fin de la pena es resocializar a los presos, reinsertarlos a la sociedad.
A Víctor le siguen restringiendo sus derechos: en otros penales los presos pueden estudiar y ejercer su derecho a recibir visitas de amistades. En cambio, Víctor hasta ahora no tiene derecho a estudiar y durante estos 35 años solo ha podido recibir visitas de familiares de primer grado y de sus abogados. Además, nadie quiere ir a visitarlo a esa prisión militar porque, al llegar, sabe que será humillado por los militares y, al día siguiente, convertido en una persona perseguida, investigada y terruqueada. El caso de Víctor no tiene comparación en la historia carcelaria: son 35 años en esas condiciones, superando incluso a Nelson Mandela. No obstante, la prensa nacional no ha dado cobertura a su situación legal ni a sus condiciones de reclusión.

¿Qué es el terruqueo y cuál es su vigencia en la política, en vísperas de las elecciones del próximo año?
Hablamos de terruqueo cuando los políticos de derecha y el Estado descalifican a sus adversarios políticos, llamándolos terroristas sin argumentos ni objetividad. El terruqueo ha sido normalizado en el país y se ha vuelto una institución. Antes, el terruqueo se dirigía al propio militante de la guerrilla, pero también se acusaba, sin fundamento, a abogados o a familiares sin vínculos con el MRTA de haber cometido delitos de terrorismo. Hoy en día terruquean a toda persona que sea de izquierda, a socialdemócratas o incluso a aquella persona que tenga un mínimo de objetividad política. A todo el que salía a protestar por los más de cincuenta muertos de hace dos años (véase LN 594), lo calificaban de terrorista. Por el solo hecho de estar en contra del “establishment” ya eres terruqueado, el objetivo es desacreditar e incentivar el miedo estigmatizando la violencia política de los 80.
Eso está cambiando. En 2021 ganó la presidencia uno de los más terruqueados, el presidente Castillo. La gente se ha dado cuenta de que el terruqueo ya no es creíble. Incluso la presidenta Dina Boluarte hace buen tiempo ya no terruquea porque ya se ha dado cuenta que así nadie le cree.

Recientemente se ha desarchivado el expediente sobre la matanza de Molinos. ¿Cuál es la importancia de este caso?
Ni el Estado peruano ni el Poder Judicial han reconocido responsabilidades en esta masacre, en la que murieron cerca de 60 militantes del MRTA. Tiene que ver con el hecho de que el expresidente Alan García estaba comprometido. Han pasado 36 años, y apenas hace 2 años un fiscal valiente afirmó que este caso debe ser juzgado bajo los Convenios de Ginebra. Además, señaló la necesidad de denunciar a los responsables y, sobre todo, de entregar los restos a las familias para que se conozca la verdad: cerca de 20 guerrilleros se rindieron, pero fueron rematados extrajudicialmente o desaparecidos.
Hasta ahora solamente había un caso – el de la toma de la embajada de Japón – en el que una corte reconoció que un militante del MRTA que se había rendido fue ejecutado. Molinos va a ser el segundo caso, aunque más emblemático, pues una de las partes no respetó los Convenios de Ginebra. A la Fiscalía no le queda más que acusar a estas personas, a estos generales del ejercito, que aún permanecen impunes. El autor mediato que dio la orden, Alan García, lamentablemente ya se suicidó. Muchos creen que Alan García se quitó la vida por casos de corrupción, pero también había un asunto criminal pendiente en su contra: dos meses antes de suicidarse, fue notificado de que su condición como testigo en el caso Molinos había cambiado a procesado, por lo que debía presentarse en la ciudad de Huancayo.

Llama la atención que en Perú no hay un proceso de reintegración de ex-guerrilleros a la política nacional como en otros países de Latinoamérica.
Gustavo Petro, Dilma Rousseff, Pepe Mujica y Salvador Sánchez fueron guerrilleros, así como muchos otros que en algún momento asumieron la lucha guerrillera y ahora han llegado al poder o son una opción política viable. Lamentablemente, en el Perú eso no ocurre. Por ejemplo, desde hace 12 años el procurador público de terrorismo ha sido el señor Mirko Ruiz, cuyo padre fue asesinado por un comando del MRTA. Eso fue un crimen y lo lamentamos, pero él debería inhibirse por una cuestión de ética o de decencia. Sin embargo, Mirko Ruiz lleva muchos años instrumentalizando su cargo para hacer venganza y perseguir políticamente a personas que solo hacen uso de la libertad de expresión. Hoy en día, hay más de mil personas procesadas por apología del terrorismo solo por expresar frases como “Víctor Polay: libertad, gloria y honor”. Desde el fin del conflicto armado, ningún político o partido ha tenido la capacidad de poner un punto final. En Colombia, el expresidente Santos, de derecha y exministro de Defensa, impulsó la pacificación. En cambio, en el Perú no se han querido resolver las consecuencias del conflicto armado; por el contrario, para obtener réditos políticos, siguen insistiendo en que el terrorismo se mantiene activo.

Víctor Polay debería salir en libertad en enero de 2026. Sin embargo, aún le siguen abriendo nuevos procesos en su contra.
A Víctor le han abierto un proceso descabellado para evitar su libertad, gracias a la venganza de Mirko Ruiz. Responsabilizaron al MRTA de un hecho de hace más de 30 años, la muerte de 8 personas que pertenecían supuestamente a la comunidad LGBTIQ*. Ya se ha llegado a establecer que las personas no eran LGBTIQ* y ha asumido su responsabilidad una persona que se acogió a la ley de arrepentimiento y no puede ser procesada por tener cierta inmunidad. Ante esta sorpresa, presentaron una nueva acusación: que en el MRTA eran seguidores del Che Guevara y, dado que él fue homofóbico, denunciaron a los dirigentes del MRTA por implementar una política de persecución contra homosexuales, similar a la que hubo en Cuba. Ponen unas muertes donde no hay cuerpos. Estamos a la espera para que el caso sea archivado, pero pueden alargarlo. La presidenta Dina Boluarte ha declarado que mientras éste régimen exista, Víctor Polay no saldrá de prisión, asumiéndose como juez y fiscal, violando la autonomía e independencia de los poderes del Estado. Además, la salida de Víctor de la cárcel coincidirá con un período electoral, y todos los políticos aprovecharán para decir: ¿cómo es posible que nuevamente vuelva el terrorismo?

Hace poco, la novela Atusparia de Gabriela Wiener ha vuelto a poner el caso de Víctor Polay en el centro del debate.
El libro de Gabriela Wiener, entre líneas, retrata la historia de las resistencias de las luchas populares en nuestro país, de la persecución a las ideas y las aspiraciones de libertad. Allí se menciona el libro “Revolución en los Andes” de Víctor que en el Perú está censurado a pesar de que en el asume su responsabilidad política y jurídica, pide perdón a las víctimas, y declara su adhesión a la vida democrática. La ficción es sorprendente, Gabriela descubrió que las entrevistas en las que se basa el libro de Víctor fueron realizadas por su padre, un dirigente histórico muy cercano y solidario con Víctor. Ella, muy emocionada, alguna vez dijo que el libro de Víctor debería estar en las bibliotecas de las escuelas como un ejemplo de reconciliación, perdón y memoria.


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„Länger inhaftiert als Nelson Mandela“

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Foto: Privat.

César Oyola ist Strafverteidiger und Menschenrechtsanwalt. Seit 20 Jahren ist er leitender Anwalt von Víctor Polay. Gemeinsam mit Familienangehörigen und Anwälten von Polay reichte er im Jahr 2007 eine Klage bei der Interamerikanische Kommission für Menschen­rechte (CIDH) wegen Verletzung von Polays Menschenrechten ein, die 2022 angenommen wurde.

Wie kam es dazu, dass Sie Victor Polay als Anwalt vertreten?
Ich stamme aus Huancayo, die Region Perus, die nach Ayacucho am meisten vom bewaffneten Konflikt betroffen war. Ich war immer mit der katholischen Kirche verbunden, die aktive Menschenrechtsarbeit machte. Gleichzeitig sah ich, wie sich Nachbarn, Studenten und Berufstätige der MRTA anschlossen. Menschen aus vielen linken und sozialen Organisationen schlossen sich damals der MRTA an, etwa Bauern oder Bergleute. Aber auch Menschen, die nicht einmal links waren, wurden während des Konflikts gesucht, eingesperrt, gefoltert und verschwinden gelassen. Das hat mich sehr besorgt. Deshalb habe ich die Verteidigung einiger Personen übernommen, nicht nur völlig Unschuldiger, sondern auch von Personen, die zu 20 Jahre Haft verurteilt wurden, weil sie „MRTA“ auf eine Wand geschrieben hatten. Personen, die auf die eine oder andere Weise – verkehrt oder nicht – ein gerechteres, besseres Peru erreichen wollten. Ich und andere Anwälte vertraten die Ansicht, dass Víctor Polay und die Mitglieder der MRTA Akte der Rebellion, nicht aber des Terrorismus begangen hatten. So kam es zu einer Annäherung mit seiner Familie.

Rebellion, aber kein Terrorismus – können Sie das näher erläutern? Inwiefern unterscheidet sich die MRTA vom Leuchtenden Pfad, der anderen bekannten Guerrillabewegung in Peru?
Leider hat der Staat beide Guerrillabewegungen stets gleichgesetzt, aber tatsächlich unterscheiden sie sich in ideologischer, politischer und strategischer Hinsicht stark. Die MRTA bezog sich ideologisch vor allem auf den Indigenen Freiheitskämpfer Túpac Amaru II, mehr noch als auf den Marxismus. Laut dem Statut der MRTA durften ihre kriegerischen Handlungen nicht die Zivilbevölkerung treffen und mussten im Einklang mit der Genfer Konvention erfolgen. Die MRTA hat zwar Verbrechen, aber nie Verbrechen gegen die Menschlichkeit begangen. Weder im Bericht der Wahrheitskomission noch in Gerichtsurteilen findet sich ein Hinweis auf gegen die Zivilbevölkerung gerichtete Handlungen oder Massaker. Es gab auch keine Auseinandersetzungen zwischen ronderos (bäuerliche, Indigene Organisationen, Anm. d. Red.) oder anderen Basisorganisationen und der MRTA, weil die MRTA diese Organisationen respektierte. Die MRTA hat nie systematisch Strommasten, Brücken oder Viehbestände angegriffen, da sie sagte, dass Brücken Infrastruktur seien, die dem Volk dienen und dass das Vieh die Mühen der bäuerlichen Organisationen repräsentiere. Die ronderos haben sich wiederum für die Demobilisierung des Leuchtenden Pfades ausgesprochen, was ein wichtiger Faktor bei seiner Niederlage war. Der Leuchtende Pfad hat Führungspersonen der peruanischen Linken ermordet, was die MRTA niemals getan hat.
Der peruanische Staat hat sich sehr schwer damit getan, anzuerkennen, dass die MRTA im Gegensatz zum Leuchtenden Pfad in Übereinstimmung mit der Genfer Konvention gehandelt hat: Bei ihren Guerrillaaktionen ist sie uniformiert aufgetreten und mit Regeln, um Opfer in der Zivilbevölkerung zu vermeiden. Rechtlich wurden der Leuchtende Pfad und die MRTA jedoch vom Staat ohne Unterschied des Terrorismus beschuldigt und entsprechend verfolgt. Victor Polay ist jedoch in keinem einzigen Fall des Mordes angeklagt. Die peruanischen Richter haben bei ihm erstmalig das Prinzip der mittelbaren Täterschaft angewendet – auch wenn er selbst kein Verbrechen begangen hat, bekam er als Anführer der Organisation die höchste Strafe.

Wie sind die Haftbedingungen von Víctor Polay und anderen Inhaftierten der MRTA?
Seit 1993 ist Víctor Polay im Militärgefängnis von Callao inhaftiert, während der ersten zehn Jahre in einer nur zwei mal drei Meter großen Zelle, die er nur für eine halbe Stunde pro Tag verlassen durfte. In dieser Zelle schlief er, verrichtete sein Geschäft und bekam über ein Fenster sein Essen. Eine halbe Stunde pro Monat durfte er in Begleitung eines Offiziers mit einem Familienmitglied sprechen, insgesamt also sechs Stunden Familienkontakt pro Jahr. Der Rest war totale Isolierung. Erst als sich das Internationale Komitee vom Roten Kreuz, der nationale Ombudsmann und die Interamerikanische Kommission für Menschen­rechte (CIDH) einmischten, verbesserten sich seine Haftbedingungen. Vor zwei Jahren hat die CIDH endlich festgestellt, dass Víctor Polay Opfer unmenschlicher und erniedrigender Behandlung sowie psychologischer Folter war. Wir haben unzählige Haftprüfungsverfahren angestrengt, damit Víctor in ein staatliches Gefängnis verlegt wird oder, falls er im Militärgefängnis bleibt, zumindest von Personal der staatlichen Gefängnisbehörde INPE betreut wird, die im Einklang mit der Verfassung auch die Resozialisierung von Gefangenen im Blick hat. Dem Militär geht es dagegen nur um Bestrafung und Disziplinierung. Víctors Rechte werden nach wie vor beschnitten: in anderen Gefängnissen haben Inhaftierte das Recht zu studieren und jeden Sonntag Freunde zu empfangen. Víctor dagegen darf bis heute nicht studieren und nach wie vor lediglich Familien­angehörige ersten Grades sowie seine Anwälte empfangen. Besucher werden in diesem Gefängnis zudem vom Militär erniedrigt, anschließend verfolgt und zum Ziel von terruqueo. Víctors Fall ist beispiellos: 35 Jahre inhaftiert unter diesen Bedingungen, das ist sogar länger als Nelson Mandela. Die peruanische Presse hat über seine Haftbedingungen und rechtliche Situation jedoch nie berichtet.

Sie erwähnen das peruanische Phänomen des terruqueo. Worum handelt es sich und welche Bedeutung hat es heute in der Politik von Peru?
Wir sprechen von terruqueo, wenn rechte Politiker und der Staat ihre politischen Gegner herabsetzen, wenn sie Linke abseits jeglicher Argumente oder Objektivität als Terroristen bezeichnen. Das ist mittlerweile zur Normalität in Peru geworden. Früher traf der terruqueo hauptsächlich die Mitglieder der Guerrilla selbst, deren Anwälte oder Familienmitglieder. Heute wird unter Verweis auf die politische Gewalt der 80er Jahre versucht, Ängste zu wecken. Der terruqueo trifft jeden, der politisch links ist – auch Sozialdemokraten oder einfach nur Menschen, die vor zwei Jahren wegen der über 50 Toten (siehe LN 594) auf die Straße gingen. Es reicht, gegen das politische Establishment zu sein.
Immerhin gibt es eine Veränderung. Im Jahr 2021 gewann Pedro Castillo die Präsidentschaftswahl, obwohl er mit am meisten unter dem terruqueo zu leiden hatte. Die Leute merken, dass der terruqueo nicht mehr glaubwürdig ist. Sogar die Präsidentin Dina Boluarte hat damit aufgehört, weil sie verstand, dass man ihr nicht mehr glaubt.

Seit kurzem wird der Fall des Massakers von Molinos im Jahr 1989 neu aufgerollt. Worin liegt seine Bedeutung?
Weder der peruanische Staat noch die Justiz haben Verantwortliche für dieses Massaker benannt, bei dem etwa 60 MRTA-Kämpfer ermordet worden sind. Das hat mit der Verwicklung des Expräsidenten Alan García in diesen Fall zu tun. Es sind 36 Jahre vergangen, und erst vor zwei Jahren hat ein mutiger Staatsanwalt bekräftigt, dass dieser Fall unter der Genfer Konvention verhandelt werden müsse. Er verlangte auch, dass die Verantwortlichen angezeigt sowie die sterblichen Überreste an die Angehörigen übergeben werden müssen, damit die Wahrheit ans Licht kommt. Die Wahrheit ist, dass etwa 20 Guerrilleros sich ergaben, aber dennoch außergerichtlich ermordet oder verschwinden gelassen wurden.
Zuvor gab es erst einen Fall, in dem ein Gericht anerkannt hat, dass ein MRTA-Kämpfer, der sich ergeben hatte, anschließend hingerichtet wurde. Der Fall Molinos ist allerdings weit bedeutsamer, da eine der Parteien die Genfer Konvention nicht eingehalten hat. Der Staatsanwaltschaft bleibt nichts übrig, als die verantwortlichen, bisher straffreien Generäle bald anzuklagen.
Viele denken, dass Alan García sich 2019 wegen seiner Verwicklung in Korruptionsfälle das Leben genommen hat. Es wurde jedoch auch wegen des Massakers von Molinos gegen ihn ermittelt: Zwei Monate vor seinem Selbstmord wurde er benachrichtigt, dass er in dem Fall als Beschuldigter aussagen müsse.

Warum gibt es in Peru keine Eingliederung ehemaliger Guerrilla-Kämpfer*innen in die Politik, so wie in anderen Ländern Lateinamerikas?
Gustavo Petro, Dilma Rousseff, Pepe Mujica oder Salvador Sánchez waren einst bei der Guerrilla, viele andere mit einer solchen Vergangenheit kamen an die Macht oder tun es vielleicht noch. Leider passiert das in Peru nicht. Seit zwölf Jahren ist zum Beispiel mit Mirko Ruiz jemand Staatsanwalt für Terrorismus, dessen Vater von einem MRTA-Kommando ermordet wurde. Das war ein Verbrechen, das wir bedauern, aber trotzdem sollte Mirko Ruiz sich für befangen erklären. Stattdessen missbraucht er seit Jahren sein Amt, um Menschen politisch zu verfolgen und Rache zu nehmen. Heute gibt es gegen über 1.000 Personen Prozesse wegen angeblicher Verharmlosung des Terrorismus, nur weil sie Sätze wie „Víctor Polay – Freiheit, Ruhm und Ehre“ gesagt haben. Seit dem Ende des bewaffneten Konfliktes hat es kein Politiker vermocht, einen Schlussstrich zu ziehen. In Kolumbien hat der ehemalige Präsident Santos die Befriedung vorangebracht. In Peru hat sich dagegen niemand darum gekümmert – im Gegenteil, um einen politischen Nutzen zu erzielen, behaupten die Politiker hier, dass es immer noch Terrorismus gibt.

Víctor Polay müsste im Januar 2026 aus der Haft entlassen werden. Trotzdem werden noch neue Strafprozesse gegen ihn eröffnet.
Auch dank Mirko Ruiz werden immer wieder haltlose Anschuldigungen gegen Víctor vorgebracht, um seine Haftentlassung zu verhindern. Wir hoffen, dass das zu den Akten gelegt wird. Präsidentin Dina Boluarte hat jedoch erklärt, dass Víctor Polay nicht freigelassen wird, solange sie an der Macht ist – sie spielt sich als Richterin und Staatsanwältin auf und respektiert die Unabhängigkeit der Justiz nicht. Víctors Freilassung fällt außerdem in die Zeit des Wahlkampfes, und alle Politiker werden sagen: „Wie ist es möglich, dass nun der Terrorismus zurückkommt?“


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“SCHANDE FÜR DIE ARGENTINISCHE JUSTIZ”

Milagro Sala hat das Sagen / Foto: Tupac Amaru

Sie war die erste politische Gefangene der neuen argentinischen Regierung. Milagro Sala, soziale Basis-Aktivistin und eine der einflussreichsten Frauen Argentiniens, wurde im Januar 2016 mit dubioser Begründung festgenommen und saß seither ohne Gerichtsurteil in illegaler Präventionshaft. Am 29. Dezember 2016 schließlich verurteilte sie das Landesgericht der Jujuy wegen „Anstiftung zum Protest“ aufgrund eines Vorfalls aus dem Jahr 2009 zu drei Jahren Haft auf Bewährung. Am darauffolgenden Tag wurde sie in einem parallelen Verfahren wegen einer Ordnungswidrigkeit mit einer Geldstrafe sowie einem quasi Berufsverbot belegt, das ihr für drei Jahre und drei Monate die Mitgliedschaft in einer sozialen Organisation untersagt. Beide Urteile haben nicht nur aufgrund zahlreicher Verfahrensfehler, fehlender Beweise oder mangelnder Glaubwürdigkeit des einzigen Zeugen Empörung ausgelöst. Neben dem hohen Strafmaß verstößt das verhängte Verbot, sich in sozialen und kulturellen Vereinen und Organisationen zu beteiligen, gegen das verfassungsmäßig garantierte Recht auf Protest und öffentliche Meinungsäußerung. Beide Gerichtsprozesse verkommen so zu einer Farce, mit der der amtierende Gouverneur der Provinz Jujuy, Gerardo Morales, versucht, seine größte Widersacherin für den Rest seiner Amtszeit außer Gefecht zu setzen.

Die Dämonisierung der sozialen Figur Milagro Sala und die „fast pathologische Art“, wie sich Gouverneur Morales in den Fall hineinsteigere, seien „ein Skandal“, empört sich Salas Verteidigerin Elizabeth Gómez Alcorta am Tag des ersten Urteils, die Methoden, mit denen die Spielregeln der Justiz mit allen Mitteln umgeworfen werden, „unerhört“. Mit einem fairen Prozess habe sowieso niemand mehr gerechnet, aber das Urteil sei eine „Schande für die argentinische Justiz“, so Alcorta. Die persönliche „Hexenjagd“ des Gouverneurs beruht auf einer langen Geschichte. Denn Sala, von den einen verehrt, von den anderen gehasst, ist in den vergangenen zwanzig Jahren zu einer unentbehrlichen politischen Figur und sozialen Referenz in der Provinz Jujuy im Norden Argentiniens geworden. Sie ist Kopf (und Herz) der sozialen Basisorganisation Túpac Amaru, die in den 1990er Jahren als Reaktion auf die politische Krise der Provinz gegründet wurde. Fehlende politische Repräsentation, inaktive Parteien und die „Unregierbarkeit“ einer der ärmsten Provinzen des Landes – kaum ein Gouverneur konnte seine reguläre Amtszeit beenden – führten zu einem politischen Vakuum, in dem Raum für neue Formen der außerparlamentarischen politischen und sozialen Organisation entstand. Die Menschen, geplagt von Massenarbeitslosigkeit und Entlassungen, machten sich diesen Raum zu eigen und entwickelten eine neue Protestkultur, in der sowohl die gewerkschaftliche Organisation als auch die Energie der Arbeitslosen kanalisiert wurde.

Auch Milagro Salas Figur ist in dieser Zeit gewachsen, heraus aus peronistischen Jugendbewegungen und Gewerkschaften und hinein in die neue aktive Rolle, die Frauen in den neuen sozialen Protesten einnahmen. Heute ist sie für viele eine Referenz, die inspiriert und ein anderes Selbstvertrauen gibt. Denen, die am wenigsten haben, Würde zu geben, sei das, was sie bei der Túpac gemacht habe, sagt sie selbst noch vor der Urteilsverkündung: „Wir haben gearbeitet, ausgebildet, erklärt, uns die Kultur der Arbeit zurückerobert. Und Arbeiten bedeutete, jedem einzelnen unserer compañeros Würde zu geben“.

Milagro Salas Organisation Túpac Amaru hat allein in Jujuy über 70.000 Mitglieder und ist als politische und soziale Akteurin in der Provinz nicht mehr wegzudenken. Die Túpac, wie sie in Kurzform genannt wird, verteilt Ressourcen des Staates um und ist der gesellschaftliche Kitt, der die Nachbarschaft organisiert und zusammenhält, für Ordnung sorgt, Protestpotenzial bündelt. Sie setzt sich für die ein, die es am meisten benötigen, mit Wohnraum, Bildung, medizinischer Versorgung und sozialem Zusammenhalt. Gefestigt hat sich die Stellung der Organisation vor allem seit 2003 durch die zunächst skeptische, dann immer fruchtbarere Zusammenarbeit mit den Vorgängerregierungen Néstor und Cristina Kirchners. Túpac Amaru ist ein Paradebeispiel für die Rolle sozialer Organisationen im Kirchnerismus als Mittlerin zwischen Staat und ärmeren Teilen der Bevölkerung auf lokaler Ebene. Eine relativ neue Erscheinung – politischer Aktivismus, der zwar nicht parteilich gebunden ist, aber dennoch starke Verbindungen zur damaligen Regierungspartei Frente para la Victoria unterhielt.

Über die effiziente Verwaltung von Sozialprogrammen der Bundesregierung gewann die Túpac Bedeutung und Einfluss. Dabei bildete sie ein Flaggschiff in der Entwicklung von Kooperativen und dem damit verbundenen Wirtschaftsmodell, setzte sich ein für Arbeiter*innen- und Menschenrechte. In den eigens gegründeten Kooperativen zur Umsetzung von öffentlichen Programmen zum sozialen Wohnungsbau konnten sie vorhandene Mittel weitaus schneller, sparsamer und zielführender einsetzen als private Baufirmen und dabei weitaus mehr Menschen beschäftigen. Über 8.000 Wohnungen und ganze Stadtviertel wurden in Jujuy von den Menschen gebaut, die später selbst darin wohnen sollten. Auch das benötigte Material wurde in kooperativ betriebenen Fabriken produziert, somit Mittelsmänner ausgeschaltet und die eingesparten Ressourcen in Gesundheitszentren, Schulen, Rehabilitierungs- und Freizeitangebote innerhalb der Wohnblöcke investiert. Die Implementierung der staatlichen Programme hat die Túpac Amaru zu einem der größten Arbeitgeber in der Provinz gemacht. Mit dem Machtwechsel in Buenos Aires fiel Ende 2015 der größte Finanzgeber für die Túpac weg.

Die Gerichtsprozesse waren die reinste Farce.


Um die unangefochtene Führungsperson Milagro Sala existiert nahezu ein Kult. Wichtige Entscheidungen werden zwar im Plenum diskutiert, aber das Sagen hat Milagro Sala. Sie leitet mit Härte und Disziplin, es heißt, nicht wenige ihrer Anhänger*innen würden bis ans Äußerste für sie gehen. Sala hat selbst auf der Straße gelebt. Ihr politischer Aktivismus hat sie aus der Marginalität geholt, weg vom Drogensumpf und einem Leben zwischen Knast und Straße. Dort ist sie allerdings durch eine harte Schule gegangen und hat sich den Respekt der Menschen erkämpft. Durch Stärke, Strenge, Verbindlichkeit und Geradlinigkeit. Deswegen sind sie und die Organisation von den villeros, den Menschen, die in den Armenvierteln leben, akzeptiert, denn sie fühlen sich repräsentiert. Milagro Sala hat zudem die Fähigkeit, sich der konkreten Probleme der Menschen anzunehmen und sie oft gar zu lösen – mit staatlichen Mitteln. So wie es eigentlich sein sollte.

Doch durch ihr zunehmendes Gewicht ist die Organisation der Machtelite ein Dorn im Auge. Und Milagro Sala, als ihr Aushängeschild, wird als „Provokation“ wahrgenommen. Denn in der stark von Rassismus und Klassismus geprägten Provinz geht es nicht nur um politische und territoriale, sondern auch um symbolische Macht. Milagro Sala ist das absolute Gegenteil dieser Machtelite, von der sie gehasst wird: Sie ist eine Frau, sie ist Schwarz, das heißt nicht weiß, sie stammt nicht aus der Oberschicht, sondern aus dem Slum, sie sieht aus wie eine Indígena, so wie alle einfachen Menschen im Norden Argentiniens, deren sozialer Status sinkt, je dunkler die Hautfarbe. Aber sie ist stolz, rotzig und trotzig statt unterwürfig – ein Affront. Social Media-Kampagnen gegen sie sind oft von grauenhaftem Rassismus durchzogen. Dass sie, dieses „Negativ“ der weißen Justiz- und Politikelite, Ansehen, Macht und Einfluss gewonnen hat und in ihrer Arbeit Prinzipien umsetzt, die den herrschenden Status quo herausfordern, ist für diese eine Verhöhnung. Für sie ist die Túpac Amaru allemal eine Unruhestifterin und gefährlich aufgrund des enormen Protestpotenzials, der politischen Mobilisierungskraft und ihrer Legitimation in der Bevölkerung. Mit ihren Anhänger*innen können sie die ganze Provinz lahmlegen. In den vergangenen Jahren gab es Dutzende (mittlerweile eingestellte) Anzeigen gegen Sala, bei denen es immer um Widerstand gegen die Staatsgewalt ging – Demonstrationen, Besetzungen, Auseinandersetzungen mit der Polizei. Aber die Túpac ist weit mehr als bloßer Protest.

Die von der Túpac gebauten Stadtviertel sind eine Art Sozialbau, der seinesgleichen vergeblich sucht. In der britischen Zeitung The Guardian verglich der Journalist McGuirk das von Túpac gebaute Barrio Alto Comedoro mit einer ironischen Version der Country Clubs der Reichen, einer Kombination aus Vorstadt, disneyeskem Vergnügungspark und radikalem Sozialismus. Denn neben den Freizeitbädern wurden Nachbildungen indigener Kultstätten Tiwanakus gebaut und prangt die gesammelte revolutionäre Ikonographie auf den Wasserspeichern des Viertels: die Konterfeis Che Guevaras, Evitas und Túpac Amarus, Widerstandskämpfer der Indigenen gegen die spanische Kolonialisierung. Die Sport- und Freizeitangebote sind symbolische Gesten, die aber auch dazu führen, dass in den Vierteln eine Community nicht nur durch das Wohnen im Ballungsraum entsteht, sondern durch gemeinsame Freizeitaktivitäten, die sonst nur Reichen vorbehalten sind. Die Wohnprojekte seien ein „Stinkefinger für Politiker und private Bauunternehmen“, so McGuirk.

Nicht weiter verwunderlich, dass die neu gewählte Regierung – bestehend aus der bourgeoisen Elite der Provinz – alles daran setzt, die Organisation zu zerschlagen. Allen voran der ehemalige Senator Gerardo Morales, der im Dezember 2015 zum neuen Gouverneur von Jujuy gewählt wurde. Angetreten war er für die aus Oppositionsparteien zum Kirchnerismus bestehende Wahlallianz Frente Cambia Jujuy, der lokalen Variante der Regierungskoalition Cambiemos von Präsident Maurico Macri auf Bundesebene. Eine von Morales’ ersten Amtshandlungen war die Inhaftierung Milagro Salas. Die vagen und unhaltbaren Anschuldigungen gegen Sala wurden im Laufe der Anklage ständig verändert. Eine klar politisch motivierte Verhaftung, die zudem aufgrund zahlreicher Unregelmäßigkeiten im Verfahren unrechtmäßig war. Festgenommen wurde Milagro Sala zunächst am 16. Januar 2016 aufgrund eines friedlichen Protestcamps zur Zahlung von Sozialprogrammen und Wiederaufnahme des Dialogs mit der neu gewählten Regierung: „Anstiftung zu kriminellen Aktivitäten“.

Salas ist das Gegenteil der regierenden Machtelite.

Nachträglich wurde die Anklage fallengelassen, aber am selben Tag mehrere Klagen aufgrund anderer Delikte eingereicht – Veruntreuung öffentlicher Gelder, öffentlicher Aufruhr, Nötigung und Mitgliedschaft in einer kriminellen Vereinigung. Das Protestcamp wurde stattdessen in einem Verfahren wegen Ordnungswidrigkeit verhandelt, woraus das Urteil vom 30. Dezember resultierte. Das Vergehen, das jetzt vor dem Strafgericht beschieden wurde, ist allerdings ein Eierwurf aus dem Jahr 2009 auf den damals noch als Senator tätigen Morales, zu dem Sala angeblich aufgerufen haben soll, sie selbst aber nicht einmal anwesend war. Keine der anhängigen Klagen hatte jedoch die bald ein Jahr andauernde Präventionshaft gerechtfertigt, die unter höchst dubiosen Umständen zustande gekommen war: mit einem ad hoc erweiterten Obersten Gerichtshof, der dann von ehemaligen Abgeordneten aus der Partei neu besetzt wurde, die zuvor für seine Erweiterung gestimmt hatten; mit per Dekret ernannten Staatsanwält*innen, mit Untersuchungen ohne Durchsuchungsbefehl, mit Aufnahme von Anklagen in der Ferienzeit der Gerichte, mit Diffamierungen der Verteidiger*innen von Milagro Sala und vielen weiteren Unregelmäßigkeiten im Verfahren im Laufe des vergangenen Jahres, die gegen lokale und nationale Rechtsprechung verstoßen. Die Willkürlichkeit der Methoden, mit denen versucht wird, Sala außerhalb rechtlicher Konventionen in Haft zu behalten, zeigt eine Gesetzesinitiative aus Morales Regierungskoalition kurz vor der Urteilsverkündung, die sich für ein Referendum über den Verbleib in Untersuchungshaft der Angeklagten einsetzt. In Jujuy sind Justiz und Politik so sehr miteinander verknüpft, dass praktisch keine Unabhängigkeit besteht. Man könne gar nicht von Rechtstaatlichkeit sprechen, erklärt der Journalist und Menschenrechtler Horacio Verbitsky. Zu alledem müsste Sala als Abgeordnete des PARLASUR eigentlich parlamentarische Immunität genießen und auch die UN-Arbeitsgruppe zu willkürlichen Festnahmen hatte bereits im Oktober 2016 bestätigt, dass es keine legale Rechtfertigung für die Inhaftierung Salas geben würde – ohne Reaktion.

Auch nach der Urteilsverkündung gibt es weiterhin keine rechtliche Handhabe dafür, dass Sala in Haft verbleibt. Da es sich bei der Freilassung aber um eine rein politische Entscheidung handele, bleibe diese sehr unwahrscheinlich, bis sich die Machtverhältnisse geändert hätten, so die Pressesprecherin der Túpac Amaru Sabrina Roth gegenüber den LN. Dass die Willkürlichkeit und Korrumpierung des Justizsystems durch die Provinzregierung auch auf Bundesebene Unterstützung findet, ist besonders besorgniserregend. Denn nicht nur verfassungsmäßige Garantien und Regeln des Strafrechts werden missachtet, sondern friedlicher Protest und freie Meinungsäußerung werden als schwerwiegende kriminelle Handlungen dargestellt und auch als solche geahndet. Das kürzliche Urteil gegen Milagro Sala ist daher ein gefährlicher Präzedenzfall im Zusammenhang mit der Verbindlichkeit von grundlegenden Menschenrechten und vertieft die Sorge der Aktivist*innen um ein wieder aggressiver werdendes Klima gegenüber sozialen Protesten im neoliberal regierten Argentinien.


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