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EL MACHISMO NO HACE CUARENTENA


Protesta colorada El 8 de marzo en la Ciudad de México (Foto: Lina Hayek)

Después de años de agresiones por parte de su marido, después de haberlo denunciado ante la justicia por lesiones, y de haber sido empujada a la conciliación, Marciela Benítez* comprendió que no saldría viva del encierro obligado por la emergencia sanitaria. Con 27 años y dos niños en la Ciudad de México, la organización Espacio Mujeres para una Vida Digna y Libre de Violencia le proporcionaba asesoría legal y psicológica. La última semana de marzo, después que su pareja le diera una golpiza, ella pensó: “Estando en casa todos los días, ahora sí me va a matar mi marido”. Tomó la pequeña maleta que las asesoras de Espacio Mujeres le recomendaron preparar, aprovechó el momento en que su agresor se bañaba, llamó a sus dos hijos y con sigilo huyeron del domicilio familiar.

Esto es una historia de muchas, que una multitud de mujeres viven en México en la situación actual del aislamiento por el coronavirus. Las consecuencias de la pandemia afectan mucho más a las mujeres, porque ellas en casa, quedan en las manos de sus agresores. Como constató el Instituto Nacional de Estadística y Geografía: el hogar es el lugar más peligroso para las mujeres, por la violencia que sufren allí. En México, en tiempos del aislamiento, los casos de violencia de género aumentaron y muchas más mujeres perdieron la vida por feminicidios que por el coronavirus.

Hacer llamadas puede ser peligroso en el caso de violencia

Hasta mediados de abril de este año murieron en México 406 personas por el Covid-19, de éstas 122 eran mujeres. En el mismo tiempo, 490 mujeres fueron víctimas de feminicidios. Diez mujeres mueren por día, es decir, cada dos horas y media una mujer es asesinada. En enero y febrero de 2020, estos delitos incrementaron un 9.1 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior. Entretanto fueron confirmados 35.000 casos de infectados, de ellos perdieron la vida más de 3.400 personas. Las cifras sobre la proporción de mujeres eran desconocidas al cierre de redacción. Las cifras de las personas fallecidas por coronavirus en México no son por el momento confiables, entre otros motivos, por las dificultades para conseguir un testeo: las pruebas son escasas y muy caras. Según un análisis hecho por el New York Times, el gobierno mexicano ignora cientos, posiblemente miles, de muertes por el coronavirus en la Ciudad de México.

Pese a la gravedad de la violencia contra las mujeres en México, las autoridades del país no ofrecen cifras confiables al respecto o no tienen voluntad para darlas a conocer. Así lo advirtió el informe “Impunidad feminicida. Radiografía de datos oficiales sobre violencias contra las mujeres (2017-2019)”, de la Red Todos los Derechos para Todas y Todos.

La pandemia agrava la situación de muchas mujeres que viven violencia, porque hay menos refugios abiertos, menos intervenciones policiales y menos acceso a la justicia ya que muchos tribunales están cerrados. Para muchas, hacer llamadas puede ser peligroso en un contexto de confinamiento en el hogar.


No hay suficientes tests Los números de infectados por lo tanto son muy poco confiables (Foto: Ernesto Eslava, Pixabay)

Además, el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva está restringido. El Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva hizo para el periodo de abril a junio del año en curso la proyección de la ocurrencia de cerca de 260,000 eventos obstétricos, un aproximado de 235,000 nacimientos, cerca de 25,000 interrupciones de embarazos, alrededor de 1,150,000 consultas de control prenatal y casi 200,000 consultas durante el puerperio.

Todos estos casos están afectados por las restricciones. Sobre todo, con respecto a las interrupciones de los embarazos van a haber consecuencias muy graves para las personas afectadas – desde el daño físico hasta la muerte. En la mayoría de los estados de México, la interrupción del embarazo está penalizada. En este momento, por el aislamiento, muchas clínicas están cerradas y han suspendido las interrupciones de embarazos. Sin olvidar, que el acceso a estas prestaciones depende del poder adquisitivo y, en muchos casos, de la clase social.

Por otro lado, desde el comienzo de la pandemia la violencia contra médicxs y enfermerxs ha aumentado drásticamente y muchxs están viviendo ataques de camino al trabajo. Ellxs son percibidxs como representantes del coronavirus y riesgo de contagio. El 80% de lxs enfermerxs y el 40 por ciento de lxs médicxs en hospitales en México son mujeres. Por eso esta forma de violencia otra vez afecta más a este grupo de la población.

En los tiempos de la pandemia la discriminación y la explotación se intensifican

Como las cifras señalan, son en su mayoría mujeres las que trabajan en el sector de salud. A esto se le suma el trabajo doméstico afuera y en el propio hogar (trabajo de asistencia y cuidado de los niños y del hogar). Por eso, son las mujeres las que están directamente en peligro de contagio. Especialmente las trabajadoras tienen alto peligro de contagio y sufren las consecuencias del aislamiento. Más del 60% de la población mexicana trabaja en el sector informal y vive día a día. Más del 54% de ellxs son mujeres. Ellas no se pueden permitir el lujo del aislamiento, porque no tienen ahorros, ni un ingreso seguro. Muchas trabajadoras son empleadas domésticas en los hogares de la clase media y alta. Este trabajo que algunas veces no es remunerado y que sucede sin contrato laboral de por medio. Las mujeres no tienen derechos laborales, ni seguridad social o de salud. En el trabajo doméstico son las mujeres indígenas las que se encuentran sobrerepresentadas, de este modo se perpetúan las condiciones sociales coloniales, caracterizadas por el racismo.

Las mujeres indígenas son parte del grupo más vulnerable en México, así como también las mujeres en situación de pobreza, las mujeres migrantes, las niñas, las víctimas del tráfico de personas y las mujeres con discapacidades. Los pueblos indígenas sufren de manera desproporcionada la crisis del coronavirus debido a las condiciones precarias en las que ya vivían al inicio de la pandemia, con un acceso restringido a la atención sanitaria y al agua potable; en muchos casos afectadxs por la apropiación y destrucción de su tierra en manos de proyectos extractivistas de empresas transnacionales; siendo víctimas de agresiones racistas por el uso de su lengua o de prácticas tradiciones – como el uso de ropa tradicional.  Por otro lado, en muchos casos la información sobre la pandemia no es proporcionada en sus lenguas.

El 8 de marzo el Día de la Mujer Luchar por atención (Foto: Pilar Suárez, CC BY-NC-SA 2.0)

La situación actual de la pandemia pone una vez más en evidencia la desigualdad social y de género en el mundo. El contagio y el aislamiento siguen las estructuras de sistemas de poder y dominación, como el género, la clase y la etnia. A causa de estas estructuras patriarcales, las mujeres, se convierten en el blanco de la pandemia, porque el trabajo doméstico, ya sea en el ámbito del propio hogar o en casas ajenas, y la familia, tiene tradicionalmente una connotación femenina y muchas veces no es remunerado.

Este concepto está basado en roles de género tradicionales, que a su vez están pregnados por esta división. A causa del cierre de escuelas durante el aislamiento, las mujeres se ocupan más del cuidado de lxs niñxs, porque es socialmente percibido como su tarea. Asimismo, el concepto idealizado del hogar y la familia produce una idea equivocada de seguridad. Sobre todo, en la situación del aislamiento esta idea suele ser una perdición para muchas mujeres, porque oculta la violencia doméstica y los feminicidios.

Informaciones sobre la pandemia no son proporcionadas en lenguas indígenas

Como menciona el grupo feminista Marea Verde México, el machismo no está en cuarentena y la mujer mexicana muere más bien por el aislamiento que por el virus. Por varias razones, las mujeres sufren más fuertemente las consecuencias de la pandemia: el trabajo desproporcionado en profesiones de la salud, el trabajo doméstico en otros hogares y en el propio, la violencia doméstica y la falta de acceso a servicios de salud sexual y reproductiva son sólo unas entre otras. En los tiempos de la pandemia se intensifican las condiciones precarias y las estructuras de discriminación y explotación. En este sentido, las trabajadoras y mujeres indígenas son las más afectadas por las consecuencias sociales y económicas del coronavirus.

Se deben lograr cambios estructurales con respecto al patriarcado, el capitalismo y el racismo. El trabajo doméstico y reproductivo tienen que ser remunerados y no deben ser percibidos como trabajos femeninos. Necesitamos una redistribución de la riqueza y un sistema de seguridad social y de salud que incluya a todxs. Tenemos que repensar los conceptos de hogar y los roles de género para vencer estructuras patriarcales y así también la violencia contra las mujeres, para que mujeres como Marcela Benítez en el futuro también puedan quedarse seguras en casa.

*El nombre fue cambiado por la redacción

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