“Expulsaron a 300 policías”

Für die deutschsprachige Version hier klicken

Activistas en Los Angeles muestran fotos de sus familiares (Foto: Canek Hernández)

Las redadas ilegales de principios de junio en el Fashion District y Home Depot, así como las escenas de pobladores de Los Ángeles por centenas, haciendo retroceder policías y tanquetas, fueron para muchas personas sorprendentemente esperanzadoras. ¿En qué contexto sucedieron estas acciones?
[El movimiento] nos ha sorprendido a todos, pero no es nuevo. No es que la gente esté de la noche a la mañana saliendo a la calle. Hay una historia de autodefensa, de defensa de las mismas comunidades. De hecho, una de las organizaciones más potentes aquí en Los Ángeles es la Coalición Comunitaria de Autodefensa (Community Self Defence Coalition).
Hay capas, o diferentes dimensiones, en el movimiento: Por una parte están las organizaciones no gubernamentales, con una tarea de enlace y de cabildeo con el gobierno local o federal. Tenemos organizaciones civiles que hoy están jugando un papel muy importante con estrategias legales directas. Por ejemplo, la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes (CHIRLA), que está abogando en términos formales y legales en diferentes casos por diferentes comunidades migrantes.
En otra capa están las organizaciones civiles que no necesariamente están registradas como organizaciones no gubernamentales. Por ejemplo, esta coalición que se formó, la Coalición Comunitaria de Autodefensa. En esta coalición están, por ejemplo, Homies Unidos, Unión del Barrio, juntos con aproximadamente 50 organizaciones de base de Los Ángeles. Son educadores, educadoras, que también han participado en el movimiento por el cese al fuego en Gaza. Este combo de organizaciones tienen una red de comunicación con las familias, con diferentes comunidades sobre todo en el este, sur y toda la periferia de Los Ángeles.

¿Cómo opera en campo esta articulación, por ejemplo, cuando se consigue impedir el secuestro de una persona migrante?
La coalición se formó tres meses antes del primer operativo [de deportación], entonces ya hay un antecedente. El primer día ocurrieron las redadas más grandes en el Fashion District, que son maquiladoras de ropa. En un principio se registraron alrededor de 60 federales, que rodearon varios edificios. Ahí había gente adentro que empieza a enviar mensajes de texto a familiares. Por ejemplo, un trabajador del pueblo zapoteca texteó a uno de sus familiares y esa persona, a una compañera, también zapoteca. Luego, estas personas se comunican con alguna de las organizaciones de la coalición, por ejemplo, con Homies Unidos con Unión del Barrio.
Eso no lo esperaban los federales: en un lapso más o menos de una hora ya había comunicación en primer lugar con familiares, amigos, vecinos y, en un segundo grado, con las organizaciones. Llegaron primero algunas como Unión del Barrio, pero también llegó gente del sindicato más importante de trabajadores quizá en todo California, y luego llegaron vecinos. Hay, más o menos, entre vecinos, activistas, defensores o incluso abogados o gente del sindicato, entre 300 y 500 personas que están como observadoras. Llevan megáfonos, están en la puerta, informando: “No den sus datos, tienen que permanecer en silencio, no pueden llevárselos de forma legal y formal sin una orden, no pueden entrar sin una orden de cateo”. Pero llegó un momento en el que no se respetó más ningún protocolo legal.
Entonces los vecinos se empezaron a colocar frente a las filas de coches de las seis agencias federales. No es una estrategia como las del sindicato, donde se sientan en filas de 5 a 8 personas, y las fuerzas federales los van retirando uno por uno, los llevan a detención y ya los está esperando ahí un abogado. No: esta fue resistencia civil espontánea. Los cerca de 300 elementos federales que iban con el objetivo de detener a alrededor de mil personas, fueron expulsados y obligados a irse con 43 detenciones. Estamos hablando de 43 familias que literalmente están destruidas por cinco, diez, quince años. Pero simultáneamente, si lo ves desde afuera, fracasaron. Es decir: 43 personas no es ni el 10 porciento de lo que ellos se habían propuesto, y de acuerdo con mi compañera Michelle, que estaba ahí, fueron los vecinos quienes “los corrieron”.

Parece que lo que describes es una victoria de la comunidad. Quizás parcial, pero sí muy importante ante las detenciones ¿Fue también significativa a nivel simbólico?
Sí, es muy importante. Yo no quiero hablar de modelos, pero creo que lo que se está replicando es llamar a los familiares, llamar a las organizaciones, ya sean no gubernamentales o civiles… Si se hace muy público, lo que pasa es que sí sale un combo de vecinos, de organizadores, de periodistas. Lo que se está diciendo en diferentes talleres que hemos participado es que tenemos que grabar todos. Esto es muy importante porque lo que estamos viendo en Gaza, respecto de cómo nos llega la información más importante, más cruel, más desgarradora, es a través de gente que tiene un celular. Por eso, la idea aquí es grabar, grabar, grabar.

¿Hay más elementos en la estrategia? ¿Se están replicando ya?
En cada lugar donde sucede un operativo, donde hay deportaciones, a la tarde ya están convocando formalmente rallies, manifestaciones, y después asambleas de las juntas de gobierno local.
Por ejemplo, hay un caso en Downey. Se detecta que hay federales, salen los vecinos, se comunican por SMS, sale en las redes sociales. Los vecinos los expulsan. No detienen las detenciones, valga la redundancia, pero lo que sí consiguen es detener ya el operativo. Luego, se convocan manifestaciones para hacer público que los vecinos no están de acuerdo, y ya hay varias en Santa Ana, en Downey, en diferentes ciudades. Después se convoca a juntas del concejo municipal, adonde van los vecinos y exponen. Allí, básicamente la solicitud es es que los concejales y jefes del gobierno local de estas ciudades tengan que, por lo menos, declarar que no están a favor y realizar alguna acción. Por ejemplo, se ha logrado en Pasadena aprobar el día de hoy (28 de junio) un lineamiento para que los agentes federales no puedan usar máscara, tienen que descubrirse el rostro.

Mencionaste que la solidaridad en el grupo zapoteco de Michelle es comunitaria, es de su pueblo, no institucional. Me interesa tu perspectiva sobre la articulación o desarticulación de distintas formas de lucha, por ejemplo la zapoteca pero también otra, como la lucha negra, que tiene sus propias particularidades.
Esta pregunta es muy importante. Te lo puedo decir de esta forma: hay diferentes bloques sociales que siempre han participado, que son por ejemplo las diversidades sexuales y un grupo muy grande que se fortalece después de Vietnam. Hay diferentes grupos, tanto civiles como organizaciones políticas, de afroamericanos, y también hay algunas organizaciones que tienen que ver con trabajadores donde confluyen todos los anteriores, los sindicatos. También hay organizaciones religiosas de diferentes denominaciones. Es muy importante saber que en este momento están confluyendo.
Históricamente ha habido diferencias, pero son diferencias construidas artificialmente. Yo te puedo decir dos cosas muy concretas: yo participo de una coalición que se llama Community Coalition, y literalmente somos Black and Brown Unity. Aquí en el sur de Los Ángeles hay muchos mexicanos, y dentro de los mexicanos hay nahuas, hay zapotecas, hay mixes. También hay gente de Belice, mucha gente de Belice que es afrodescendiente; mucha gente que yo pensaba que era de Belice, pero que son del Caribe, son mexicanos, afrodescendientes de El Salvador, de Guatemala. De México: de Nayarit, de Michoacán, de Jalisco, mixes, choles, gente que habla diferentes lenguas. Entonces esto de “latinos” también ya se ha convertido en un eufemismo cuando ves que son todos estos pueblos.
Pero pasa otra cosa muy relevante en términos antropológicos, y es que toda la ciudad de Los Angeles está siendo afectada por la filiación o parentesco. Aproximadamente la mitad de la población tenemos en primero o segundo grado un parentesco consanguíneo o político con alguien migrante.
Acabo de ir a dos reuniones familiares y resulta que en estas dos familias que son de güeros (nota de la redacción: estadounidenses blancos), como diríamos, ya tienen familiares, ya tienen nietos, ya tienen una esposa de Guerrero. La otra familia que también visité allá es judía, no es militante de nada pero que está muy afectada, porque las amigas de sus niñas de esta familia son mexicanas.
Toda esta gente diversa, sobre todo desde las organizaciones, ha empezado a ver como un problema fundamental del Estado. No es un problema que nace ahora con Trump. Desde los grandes medios de comunicación se intenta instigar lo que llaman una “guerra tribal” de diferencias, pero de nuestro lado tenemos la apuesta de disolver estas diferencias construidas.


Hola!

Wenn Dir gefällt, was du hier liest, dann unterstütze unsere ehrenamtliche Redaktion doch mit einem Abo! Das gibt's schon ab 29,50 Euro im Jahr. Oder lass uns eine Spende da! Egal ob einmalig 5 Euro oder eine monatliche Dauerspende – alles hilft, die LN weiter zu erhalten, Gracias ❤️

„DIE GUERILLAS BEGANNEN ALS SELBSTVERTEIDIGUNGSGRUPPEN“

Wie muss man sich das Panorama der Selbstverteidigung in Mexiko vorstellen?
Es gilt zwischen Selbstverteidigungsgruppen, den sogenannten autodefensas, und Gemeinschaftspolizei zu unterscheiden. Unter Gemeinschaftspolizei verstehe ich Sicherheitskräfte, die in indigenen Gemeinden auftreten und die einem normativen System verpflichtet sind. Sie müssen sich vor den Gemeindeversammlungen verantworten. Selbstverteidigungsgruppen hingegen sind bewaffnete Zivilisten, die sich selbst organisieren, um ihre Gemeinden zu verteidigen. Sie sind aber nicht an ein normatives System gebunden oder Rechenschaft schuldig. Hinzu kommt als wichtiges Moment die indigene Identität der Gemeinschaftspolizei, um die einen von den anderen zu unterscheiden.

Treten Gemeindepolizei und Selbstverteidigungsgruppen parallel auf?
In zehn der 36 Bundesstaaten Mexikos existieren Selbstverteidigungsgruppen und Gemeinschaftspolizei nebeneinander. In Chiapas existieren sie natürlich in Form der Zapatisten. In Guerrero gibt es mit etwa 25 Gruppen die meisten bewaffneten Gruppen, fast in der Hälfte aller Landkreise. In Oaxaca existieren sie auf eine institutionelle Art und Weise und werden vom Staat akzeptiert. Zudem treten sie noch in Michoacán, San Luis Potosí, Chihuahua, Veracruz und Yucatán auf. In Puebla und Jalisco waren die Selbstverteidigungsgruppen und Gemeindepolizei nur von vorübergehender Natur.
Meinen Sie eingangs mit „normativen System“ das, was in Mexiko als indigene Usos y Costumbres (Sitten und Gebräuche) bezeichnet wird?
In Mexiko versteht man Usos y Costumbres vielmehr als eine juristische Extrawurst, eine indigene romantische Nostalgie, mit der jeder beliebige Sachverhalt gerechtfertigt wird. Im Bundesstaat Oaxaca haben die Usos y Costumbres jedoch einen positiven Wert und haben verfassungsrechtlichen Status. Wenn ich von normativem System spreche, dann geht es um eine Rechtspraxis. Es ist vergleichbar mit dem englischen Begriff des Common Law, ein Gewohnheitsrecht, das heute in den Gemeinden praktiziert wird. Es ist eben nicht nur ein kleiner Teil einer Tradition, auf die sich nostalgisch bezogen wird. Von den 520 Gemeinden in Oaxaca werden in 417 die Amtsträger nach den Usos y Costumbres bestimmt. In Guerrero gibt es ein spezielles Gesetz, das den Gemeinden zugesteht, ihre Gemeindepolizei aufzustellen. Aber das ist alles. Im Rest Mexikos gibt es keine anerkannte rechtliche Grundlage für die Usos y Costumbres. In Guerrero haben die Gemeindepolizisten jetzt auch einen juristischen Apparat entwickelt. Sie stehen also auf zwei Beinen: öffentliche Sicherheit und Rechtsprechung. Die Selbstverteidigungsgruppen handeln dagegen nur im Bereich öffentliche Sicherheit ohne Recht zu sprechen.

Was passiert dann, wenn die Selbstverteidigungsgruppen Leute festnehmen?
In Michoacán gab es verschiedene Fälle von Selbstjustiz. Aber normalerweise werden die Gefangenen den offiziellen Amtsträgern übergeben.

Kann man aus einer linken Perspektive zwischen „guten“ und „schlechten“ Selbstverteidigungsgruppen unterscheiden?
Ich sage es mal so: In den ländlichen Gemeinden gibt es die lange Tradition der bewaffneten Selbstverteidigung seit der Mexikanischen Revolution (1910 – 1919; Anm d. Red.). Die modernen linken Guerillas haben als Selbstverteidigungsgruppen begonnen. In Chihuahua gab es 1965 eine bewaffnete Guerrilla namens Grupo Popular Guerillero. Sie bildete sich als Reaktion auf Landraub durch Großgrundbesitzer. Es kam zur bewaffneten Selbstverteidigung, da das Militär äußerst brutal eingegriffen hatte. Später tauchten dann die Guerillas von Genaro Vázques und Lucio Cabañas in Guerrero auf, die auch aus einer bewaffneten Selbstverteidigung hervorgegangen waren. Genaro Vázquez leistete zuerst zivilen Widerstand gegen einen Wahlbetrug, auf den die Regierung mit Repression antwortete. Die Guerilla von Lucio Cabañas entstand als Antwort auf die Repression gegen unbequeme Lehrer. Danach flohen sie in die Berge und bildeten dort die Guerilla. Die Zapatisten entstanden als eine Gruppe der Selbstverteidigung gegen die Kaziquen. Ein Teil der Selbstverteidigungsgruppen, die zurzeit in Mexiko agieren, kann man auf diese Weise verstehen: Es sind Bewegungen, die eine Reaktion auf die Unsicherheit durch die organisierte Kriminalität und die Untätigkeit oder Komplizenschaft des Staates darstellen. Diese Bewegungen werden so zum Ausdruck einer Macht der Bevölkerung und eine Verteidigung der eigenen Interessen.

Wie sieht der Unterschied zwischen Gemeindepolizei und Bürgerwehr in Michoacán aus?
In Michoacán laufen Selbstverteidigungsgruppen und Gemeindepolizisten mittlerweile auf fast dasselbe hinaus. Es gab 2008 in unterschiedlichen indigenen Gemeinden Aufstände. Seit dieser Zeit gibt es dort Gemeindepolizei mit einem normativen System. 2014 traten die Selbstverteidigungsgruppen in zwei nicht-indigenen Gemeinden auf, wo große landwirtschaftliche Betriebe sind. In der ersten Zeit waren dort Berater des Militärs anwesend. Aber mit der Zeit schlossen sich andere Akteure im Kampf gegen das Organisierte Verbrechen den Gruppen an, vor allem verarmte Kleinbauern. Und das gibt den Selbstverteidigungsgruppen dann eine andere Richtung und Dynamik. Sie entziehen sich der ursprünglichen Kontrolle.

Sie verändern sich?
Ja genau, das ist eine Veränderung, die auch in der Mexikanischen Revolution stattgefunden hat. Damals hat sich etwas gebildet, was man La bola  – die Lawine – nennt. Eine Sache ist es, wenn bürgerliche Kräfte zum bewaffneten Aufstand gegen die Diktatur aufrufen. Aber wenn sich die Bauern erheben, dann können sie nicht mehr kontrolliert werden und es entstehen Phänomene wie die Revolutionsführer Zapata oder Pancho Villa. Ein bisschen ist das in Michoacán passiert.

Gab es in Michoacán eine besondere Unterstützung der Selbstverteidigungsgruppen durch die großen Unternehmer? Diese zahlen ja an die Mafia vielmehr als die armen Bauern?
Nun, auch die armen Bauern müssen Schutzgelder oder Steuern zahlen. In Michoacán hat sich ein Kartell etabliert, die sogenannten Tempelritter. Die haben nicht nur den Drogenhandel kontrolliert, sondern waren in verschiedenen Wirtschaftsfeldern aktiv. Sie exportierten Eisen nach China. Aus Südkorea wurden Reifen importiert, die der öffentliche Transport benutzen musste. Sie haben Kleidung aus China importiert und mit Markenetiketten versehen. Sie kontrollierten den Handel mit dem Edelholz Sangualica, das in den Armaturen von Rolls Royce und in anderen Luxusgütern verarbeitet wird. Sie hatten eine Armee von tausenden Männern. Sie hatten ein Steuerbüro und forderten Steuern von regionalen und lokalen Ämtern ein, aber auch von Erntehelfern.

Die ganze Bevölkerung musste Steuern zahlen?
Genau, aber sie verliehen auch Geld, zum Beispiel um eine Krankenhausrechnung zu bezahlen, oder sie verschenkten es. Es war eine Art Sozialhilfe-Agentur mit religiösem Überbau. Sie brachten evangelikale Prediger aus den USA nach Michoacán. Sie rekrutierten Leute von den Anonymen Alkoholikern und aus den Institutionen des Drogenentzugs und beeinflussten die Menschen mit ihrer Mystik. So entstand ein Netz, das alle in der Gesellschaft beeinflusste, geprägt von zahllosen Verbrechen, vielen Vergewaltigungen von Müttern und Töchtern. Viele Menschen sind in die USA geflüchtet. Also bildete sich eine Selbstverteidigungsgruppne gegen das Kartell der Tempelritter, ordnete sich in die Logik der Gewalt ein und wurde zu etwas, das man nicht klar definieren kann.

Wie hat die mexikanische Regierung in Michoacán reagiert?
Von den Selbstverteidigungsgruppen wurden viele offiziell in die Fuerza Rural (Landpolizei unter staatlicher Kontrolle; Anm. d. Red.) integriert. Wen die Regierung nicht disziplinieren konnte, wurde ins Gefängnis gesteckt. Sie haben die Anführer bestochen und gekauft. Sie haben sie bedroht, unterdrückt und eingesperrt. 300 Personen von den Selbstverteidigungsgruppen sind festgenommen. Zehn lokale Anführer wurden ermordet. Es war eine regelrechte Säuberung.
Von wem wurden sie ermordet? Von der Polizei, vom Militär oder …
Oder von wer weiß wem! Es waren lokale Anführer, die eine Scharnierfunktion zwischen dem Staat und den Selbstverteidigungsgruppen erfüllten. Als ein neues Kartell in Michoacán auftrat –Jalisco Nueva Generación – agierte das Kartell der Tempelritter wieder stärker und es traten weitere Selbstverteidigungsgruppen auf. Die Regierung verneint das, da die Selbstverteidigungsgruppen relativ leise auftreten. Aber sie sind da. Die Regierung musste also eingreifen, um die Kontrolle über die Selbstverteidigungsgruppen zurück zu gewinnen. Mehr oder weniger hat die Regierung es geschafft, die Selbstverteidigungsgruppen zu kontrollieren. Nicht aber die Kräfte der indigenen Gemeindepolizei, die haben ihren eigenen Weg weiterverfolgt.

Ein Paradebeispiel der Zusammenarbeit von Staat und Organisiertem Verbrechen sind die 43 verschwundenen Studenten. Was ist Ihre Theorie dazu?
Der Preis, den der mexikanische Staat dafür zahlen muss, dass der Fall nicht glaubwürdig aufgeklärt wird, ist immens hoch, im Inland sowie im Ausland. Die Frage ist doch: Was wird verheimlicht, was diesen hohen Preis rechtfertigt? Da kann es nicht nur um die Vertuschung von verantwortungslosem Handeln gehen, sondern um etwas viel Größeres. Wahrscheinlich ging es um Drogen. Iguala ist ein Schlüsselort des Heroinhandels. Ein Großteil der Heroinproduktion kommt aus Cocula nach Iguala und wird von dort aus weitertransportiert. Die Studenten aus Ayotzinapa kamen ja eher zufällig nach Iguala, sie waren auf dem Weg zu einer Demonstration. In Iguala suchten sie nach Transportmöglichkeiten und beschlagnahmten dann fünf Busse. Davon wurden vier von der Polizei völlig zerschossen. Den fünften Bus hingegen mussten die Studenten verlassen und dieser Bus konnte dann ohne Probleme Iguala verlassen. Vieles deutet darauf hin, dass dieser Bus mit Heroin bestückt war.


Hola!

Wenn Dir gefällt, was du hier liest, dann unterstütze unsere ehrenamtliche Redaktion doch mit einem Abo! Das gibt's schon ab 29,50 Euro im Jahr. Oder lass uns eine Spende da! Egal ob einmalig 5 Euro oder eine monatliche Dauerspende – alles hilft, die LN weiter zu erhalten, Gracias ❤️

ALLE GEGEN ALLE

 

Foto: Ester Vargas (CC BY-SA 2.0)
Foto: Ester Vargas (CC BY-SA 2.0)

Staatliches Gewaltmonopol? Existiert in Mexiko de facto nicht, ebenso wenig die legitime Grundlage dafür. Der Staat ist weder fähig noch willens seine Bürger*innen (und auf keinen Fall die arme Mehrheit) vor Gewalt und anderen Verbrechen zu beschützen. Verschiedene staatliche Behörden bilden Allianzen mit den diversen Gruppen der Organisierten Kriminalität, deren brutale Verteilungskämpfe das Land im Würgegriff halten. In einigen Regionen wiederum sind lokale Banden quasi hegemonial geworden: Sie widmen sich schon längst nicht mehr nur dem Anbau und Handel mit Drogen, sondern kontrollieren auch die Behörden sowie den Rohstoffabbau und erheben Abgaben auf alle ökonomischen Tätigkeiten sowie die Nutzung von Gemeinschaftsgütern. Zudem vergewaltigen sie nach Belieben Frauen und Kinder. Was können Opfer von Verbrechen tun, wenn die Straflosigkeit landesweit 98 Prozent beträgt und die Strafverfolgungsbehörden Teil des Problems sind? Die Antwort vieler betroffener Mexikaner*innen: Sich mit Gleichgesinnten zusammenschließen, bewaffnen und selbst für Gerechtigkeit sorgen.
In seinem neuen Buch widmet sich Luis Hernández Navarro, einer der bekanntesten Journalisten Mexikos und Leitartikelschreiber der Tageszeitung La Jornada, Formen dieser zivilgesellschaftlichen Selbstverteidigung. Wichtig ist ihm die analytische Unterscheidung zwischen Gemeindepolizei (policía comunitaria) und Selbstverteidigungsgruppen (autodefensas). Erste blicken zwar auf eine lange Tradition in den indigenen Regionen Mexikos zurück, haben aber – einerseits inspiriert durch den zapatistischen Aufstand 1994, andererseits durch die Durchdringung des Drogenbusiness des ländlichen Raums und das staatliche Versagen – seit den 1990er Jahren verstärkt Konjunktur. Hernández Navarro zeigt am Beispiel des Bundesstaats Guerrero wie in verschiedenen indigenen Gemeinden die Gründung einer Gemeindepolizei, die sich aus gewählten Bewohner*innen zusammensetzt, erfolgreich für die Einhaltung von Regeln sowie Sanktionierung bei Verstößen sorgen kann. Vom Erfolg beflügelt, schlossen sich diese zur Regionalkoordination CRAC zusammen, die sich allerdings seit 2013 in einer schweren internen Krise befindet. Hernández Navarro verweist auf die Rolle der Regierung des Bundesstaats, die die internen Konflikte anheize, um „die Organisation zu zähmen, ihr die autonomistische Ausrichtung zu nehmen und sie mithilfe finanzieller Bestechung ihrer eigenen Agenda zu unterwerfen“.

Im Auftrag der Zivilbevölkerung Autodefensas in Michoacán (Foto: Ester Vargas CC BY-SA 2.0)
Im Auftrag der Zivilbevölkerung Autodefensas in Michoacán (Foto: Ester Vargas CC BY-SA 2.0)

Selbstverteidigungsgruppen hingegen versteht er als bewaffnete Bürger*innen, die sich gegen „Angriffe der Organisierten Kriminalität und die polizeilichen Übergriffe zu verteidigen suchen. Ihre Mitglieder werden nicht von der Bevölkerung ernannt und sie legen ihr gegenüber auch keine Rechenschaft ab“. Internationale Aufmerksamkeit erreichten die verschiedenen Selbstverteidigungsgruppen in der Zeit 2013/2014 als sie – mit sehr widersprüchlicher Unterstützung durch staatliche Einheiten – das Kartell der Tempelritter fast vollständig aus dem Bundesstaat Michoacán vertrieben (siehe LN 476). An diesem prominenten Beispiel verdeutlicht der Autor auch die Heterogenität dieser Gruppen, die sich teilweise die Konkurrenz der Drogenkartelle zu Nutzen machen.
Insgesamt zeichnet Hernández Navarro ein komplexes Bild der zivilgesellschaftlichen Selbstverteidigung. Bei aller Offenheit und Kritik ist seine Grundsympathie für die (oftmals indigenen und/ oder armen) Protagonist*innen klar, denen kein anderer Weg offenzustehen scheint. Immer wieder veranschaulichen Kurzbiographien den Kontext, der die Leute zu den Waffen greifen lässt. Ein ganzes Kapitel widmet er dem Aufstieg und Bedeutungsverlust der Bewegung für den Frieden mit Gerechtigkeit und Würde (MPJD) um den Dichter Javier Sicilia, die seit 2011 versucht hatte, auf friedliche Weise Mexikos weiteren Sturz in die ungezügelte Gewalt zu stoppen. Ebenso verweist er auf einen entscheidenden ökonomischen Hintergrund des mexikanischen Alptraums, die drastische Verarmung der ländlichen Bevölkerung durch das Nordamerikanische Freihandelsabkommen NAFTA. Ein Ende der organisierten Selbstverteidigung ist für Hernández Navarro nicht in Sicht, ganz im Gegenteil.


Hola!

Wenn Dir gefällt, was du hier liest, dann unterstütze unsere ehrenamtliche Redaktion doch mit einem Abo! Das gibt's schon ab 29,50 Euro im Jahr. Oder lass uns eine Spende da! Egal ob einmalig 5 Euro oder eine monatliche Dauerspende – alles hilft, die LN weiter zu erhalten, Gracias ❤️

Newsletter abonnieren