VOCES DE LAS PROTESTAS 2.0

 

„Apruebo la Asamblea Consituyente“ Demonstración en Valparaiso (Foto: Martin Yebra)

Ha pasado un año del gran levantamiento social, producto de las grandes desigualdades y abusos de  este sistema capitalista neoliberal y como consecuencia de aquello, aún se mantienen privados de su libertad más de 4.000 presas y presos jóvenes heroicos de la revuelta popular, sin pruebas y tanto que muchas acusaciones ya están desestimadas porque se comprobó que eran montajes. Sin embargo, igual se modificaron algunas cosas, pero no han sido suficientes. Quiero destacar que uno de los logros de la presión ciudadana ha sido la realización del plebiscito que pese a estar en cuarentena, toques de queda, en medio de una pandemia, campaña del terror por parte de la derecha, nada impidió que el pueblo se pronuncie en las urnas y gane por mayoría absoluta por la opción del apruebo y se dé el primer paso para cambiar el contenido de la constitución para matar al neoliberalismo en Chile, también lograr que se reconozca constitucionalmente a los pueblos originarios y a su lucha histórica contra la opresión colonial y capitalista mediante el estado de Chile. En el contexto regional nos encontramos en cuarentena como comuna de Coyhaique, lo que nos ha limitado en nuestras actividades normales y en lo organizativo, ya que todo se está haciendo por internet y en muchos lugares la señal es de mala calidad, pero no ha sido impedimento para continuar trabajando y creando redes con dirigentes y comunidades ya que somos mujeres de campo, pueblos originarios, urbanos en lucha por la defensa de nuestros derechos y, por sobre todo, por nuestro territorio. En estos días estamos enfrentando una nueva arremetida de una familia privilegiada en complicidad de los entes del Estado, que están solicitando concesión de uso oneroso de largo plazo de tierras con acceso a los reservorios de agua dulce, como lo es el glaciar montt, en tiempo record y que pretenden favorecer a los grandes en desmedro de campesinos que están hace más de 30 años solicitando estas tierras en el sector de Tortel al Estado chileno sin respuesta alguna. Por todo esto creemos necesario que en la nueva constitución también se priorice la defensa de los territorios, la producción campesina con semillas nativas, agroecología para la soberanía alimentaria, una reforma agraria y que todos los recursos naturales sean protegidos de los depredadores del medio ambiente que son los grandes causantes de los problemas medioambientales existentes en nuestro país.

// Alejandra Carrillo Manriquz, mujer campesina, Coyhaique, Región de Aysén

 

 

„REVUELTA CONTRA LA PRECARIZACIÓN DE LA VIDA“

„Fuera el temor“ Contra el miedo y para el trabajo colectivo del cuidado: Javiera Manzi (Foto: privat)

 

¿Qué impacto tiene la actual crisis en los problemas ya existentes?

Estamos viviendo una crisis sanitaria, pero también económica, política y social. En el contexto particular de Chile, la vivimos en un contexto de revuelta, en un proceso abierto. Vemos un levantamiento de la mayoría de la población en contra de la profundización de la política neoliberal de los últimos 30 años de democracia y también en contra de los lastres y las herencias de la dictadura, como la constitución. La revuelta trae varios cambios: El tejido social en Chile se ha regenerado – algo muy potente. Se ha creado una articulación en los barrios a través de las asambleas territoriales. Hay un cambio fundamental en la vida social y territorial, junto a una consciencia crítica y abierta.

La forma de organizarse de esta política impugna directamente tanto al gobierno de Sebastián Piñera como a todos los gobiernos transicionales. Pone por delante una consciencia crítica en contra de la privatización de la salud pública, la educación, la financiación de las pensiones y la falta de las condiciones de la seguridad social y laboral. Estos son elementos que dieron paso a una impugnación radical respecto a la forma en que se organiza la vida. Es una revuelta contra la precarización de la vida y nos permite pensar en este momento crítico con otra mirada, con otros ojos.

 

En una entrevista con Página12 dijeron que las medidas del Gobierno ante la crisis son un „desprecio por la vida“. ¿Por qué?

Son un desprecio por la vida, pero no por todas las vidas. No todas las vidas valen lo mismo, y no todas las vidas van a ser cuidadas, protegidas o reconocidas en esta crisis. Esto ya era visible con un gobierno que nosotras hemos llamado desde el comienzo criminal, por las violaciones de los derechos humanos. Tanto el propio gobierno como también los sectores empresariales se han radicalizado, ellos son los primeros que partieron de una oposición: la oposición de su economía capitalista y nuestra posibilidad de una vida en la que todas podamos vivir.

Este desprecio se hizo muy evidente como un desprecio a la vida del pueblo. También existe un sobre resguardo de ciertas vidas. Como movimiento feminista hemos buscado no solo que la vida sea nuestra lucha, porque estamos en los grupos que se han apropiado de la noción de vida. Para nosotras ha sido también una tarea preguntarnos: ¿Vamos a permitir que sean ellos los que tomen esta consigna, ellos que son justamente los antiderechos, aquellos a los que no les importa la condición de vida?

 

El concepto de la vida es central para los feminismos en América Latina. ¿Cómo se evidencia ahora, en esa crisis, el concepto de vida?

Nuestra movilización se define contra la precarización de la vida. Entendemos que no es exclusivamente laboral, sino más amplia. Nuestra tarea es pensar en la vida como problema político e imaginar posibilidades para su transformación. ¿Cuál es el lugar de la vida en este contexto, en esta sociedad? ¿Qué alternativas puede ofrecer el feminismo?

Estas preguntas se han intensificado al ver muchos de nuestros temores realizándose en los últimos días. Hoy día nos concentramos en cómo entender un cambio estructural que sea un cambio que ponga en el centro la vida y un buen vivir. Esa noción necesariamente también pone en cuestión la organización capitalista y patriarcal.

 

Ante ese panorama tan oscuro desarrollaron el plan de emergencia feminista. ¿Cómo surgió la idea de un plan de emergencia feminista y cómo fue el proceso de elaborarlo?

Nosotras venimos de la marcha más grande que hemos realizado en la historia de Chile. Fuimos dos millones solamente en la ciudad de Santiago. Es un hecho fundamental desde dónde vamos construyendo esta posible alternativa y la responsabilidad con la que asumíamos hacerlo. La marcha fue realmente la segunda huelga general feminista y había tres ideas principales.

La primera fue la noción de la primera línea contra el terrorismo de Estado. La primera línea es también la fuerza de contención de la represión policial que se ha levantado durante la revuelta. Entendiendo ese lugar como una tarea que hay que cuidar, como se cuida ante la policía.

En segunda instancia era la idea de la vida como un problema político. En Chile hemos levantado el feminismo en la heterogeneidad, en la diversidad de nuestros cuerpos, de nuestros lugares de vida. Para la huelga hay voceras provenientes de luchas socioambientales, educacionales, la lucha mapuche, también compañeras trans, migrantes, víctimas de traumas ocular – que perdieron los ojos en la revuelta y en la lucha por los derechos humanos.

En tercer lugar, la idea de la precarización de la vida. El 8 de marzo reinauguramos la revuelta desde el feminismo. Yo diría que parte de la tarea que asumimos con este plan de emergencia tiene que ver con la responsabilidad directa.

 

¿De qué se trata exactamente el plan?

El plan, en términos generales, tiene cuatro líneas.

La primera es levantar redes de cuidado en los espacios territoriales. Nuestra tarea principal ahora es evitar que el distanciamiento físico se convierta en aislamiento social.

En segundo lugar, está el levantamiento de un espacio de articulación feminista para enfrentar la violencia patriarcal en este contexto. Buscamos poner en el centro la posibilidad de responder desde los movimientos y organizaciones sociales, y no exclusivamente desde el Estado. Eso incluye también violencias que el mismo Estado no ha considerado problemas políticos.

En tercer lugar, son estas medidas que hemos llamado “nuestro cuidado contra su ganancia”. En un contexto de total privatización de derechos sociales se sostienen muy rápido cosas como privilegios que en realidad son derechos sociales: tener un trabajo estable, tener ciertas condiciones de salud o incluso acceso al agua. Hay territorios completos que no tienen acceso al agua, ¿cómo hay que lavarse las manos? El gobierno entiende la noción del cuidado como una tarea individual. No concibe una política del cuidado en un sentido transformador necesariamente colectivo. El cuidado es un trabajo y hay que organizarlo y socializarlo.

En cuarto lugar, la tarea de imaginación política radical: ¿Qué tipo de acción política podemos hacer desde el confinamiento, desde la restricción del uso del espacio público? Incluso para quienes no pueden hacer cuarentena porque están forzados a trabajar. La posibilidad cierta de los despidos es tan apremiante que es difícil que las personas deseen o tengan la posibilidad de exigir o protestar. Allí es donde nosotras llamamos a la huelga por la vida. Pasamos de la huelga general feminista a una huelga por la vida.

Protestas ruidosas para la dignidad Con la cacerola en la mano (Foto: FM La Tribu)

 

¿Sobre qué es específicamente esta huelga y dónde busca adhesión?

Esta huelga es productiva, porque el trabajo reproductivo o el trabajo de cuidado no se ha detenido. La estamos levantando junto con otras organizaciones: las asambleas territoriales, los estudiantes secundarios, la organización por la liberación de presas y presos políticos, movimientos por la salud y organizaciones de la disidencia sexual. Es una red que sólo es posible por la revuelta. Organizamos acciones en las redes sociales, cacerolazos, impresión de consignas para las ventanas de las casas o de los trabajos. No basta con hacer cuarentena, se necesitan condiciones para hacerla. En el comienzo, cuando todavía estaba todo menos restringido, se hizo un llamado a la intervención en los espacios laborales exigiendo condiciones sanitarias mínimas.

Enfrentamos esta crisis en un contexto de terrorismo de Estado. Una de nuestras principales llamadas durante la huelga general feminista fue precisamente contra esto. Entendemos que el gobierno aterroriza a la población para que no se organice. No es casual que una de las primeras medidas que se haya tomado sea precisamente la militarización, eso habla muy bien de la forma en que se resuelve en este contexto una crisis. Por otra parte, existe una total impunidad ante los responsables de la violación sistemática de los derechos humanos. El fantasma del pasado dictatorial está presente todavía.

Entendemos también que es un periodo donde se intensifica el trabajo reproductivo, el trabajo del cuidado de las crianzas porque las escuelas están cerradas. Las mujeres tienen que responsabilizarse de cuidar de manera permanente. Otra circunstancia que nos atañe muy directamente es la violencia doméstica. En Chile observamos que un 60 por ciento de las llamadas a los dispositivos del Ministerio de Mujer son en pedido de apoyo en situaciones de violencia. Pero lo que ha disminuido son las denuncias. Esto se debe a que las mujeres no pueden salir a hacer las denuncias y es difícil imaginar que pueden hacer esas llamadas dentro de las casas.

Los viernes en la revuelta solían ser el día de la movilización, entonces desde el 18 de octubre hasta la fecha, todos los viernes íbamos a la Plaza de la Dignidad (LN 547). Los días viernes son los días de movilización, los viernes por la vida y por la dignidad. Esta es la forma en la que se ha dado continuidad dentro del contexto de la revuelta.

 

¿A quién se dirige el plan de emergencia?

Es un plan que busca la acción colectiva. Pensamos en estrategias para el apoyo mutuo y el cuidado colectivo dentro de los barrios. Nos interesa no soltar aquello que nos reunió durante la revuelta: las luchas contra la impunidad y contra la prisión política. Se trata de construir una nueva forma de voz política. Las asambleas territoriales son redes de tejido social que no existían porque en Chile con lo que hizo la dictadura y con la profundización neoliberal en los noventa había un quiebre en ese tejido.

Como feministas, siempre buscamos poner en cuestión la distinción entre lo público y lo privado. Nos preguntamos: ¿Con qué estrategias podemos colectivizar el cuidado? Por ejemplo, organizando de manera colectiva la compra de alimentos y medicamentos, del cuidado doble de la población mayor y de niños y niñas dentro de los barrios. Hacer de estas asambleas instancias en contra de las amenazas que enfrentamos.

 

¿Qué esperan del plan más allá de la protección ante el coronavirus?

Con lo que enfrentamos hoy día globalmente no es posible volver atrás. Esto no es un paréntesis en la vida, donde queda algo a lo que podemos retornar. Como decíamos en la revuelta: La normalidad siempre fue el problema. Una tarea central es una estrategia de salida de la pandemia, que ponga en el centro la vida de la mayoría de la población, particularmente de la más precarizada. Y para eso, necesitamos construir alternativas transformando radicalmente la manera en que se ha producido y acumulado a lo largo de todos estos años. El plan anticipa un deseo muy profundo y muy radical de que la salida de este momento implique necesariamente cambiar las condiciones y las reglas – no solo de este país, porque es una crisis global. Cambiar la forma en que se ha organizado el capitalismo en un contexto neoliberal. Una de las principales tareas es contribuir a una articulación internacional feminista desde la revuelta. Hemos organizado un espacio de resistencia más allá de los límites nacionales, en un feminismo transfronterizo (para la primera convocatoria transnacional el 8 de marzo pasado véase LN 549, nota de la redacción). Desde allí nos articulamos con organizaciones feministas de todo el mundo, pero particularmente de América Latina, para pensar formas de organización que nos permitan salir juntas de la crisis, cambiar el sistema y transformar la vida. Hoy vemos que el feminismo es una herramienta fundamental para organizarnos frente a este momento.

 

„EL SILENCIO ES FATAL“

SANDRA PALESTRO CONTRERAS

es socióloga, activista feminista y desde 10 años forma parte de la Coordinación Nacional de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres.

(Foto: Alea Rentmeister)


¿En qué sentido la violencia político-sexual forma parte de la violencia patriarcal?

Nosotras en la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres siempre intentamos conectar las distintas manifestaciones de la violencia patriarcal, porque la violencia político-sexual no es distinta a la violencia cotidiana que otros hombres ejercen sobre las mujeres sin ser agentes del Estado. Es el mismo patrón misógino y de ejercicio de poder de los hombres sobre las mujeres.

¿Por qué el sistema patriarcal castiga la participación política de las mujeres a través de su sexualidad, su cuerpo?

Según los estudios destruye la intimidad de las mujeres. Y por otra parte es como un mensaje, lo que dicen los estudios, es un castigo para los hombres de ese grupo al que pertenecen las mujeres. En las guerras, las mujeres son tratadas como un botín. Por experiencia propia podría decir que te hace perder tu intimidad. Porque incluso los golpes brutales con el tiempo van difumándose, van perdiéndose. Pero la agresión sexual, te queda. Te permanece en tu recuerdo toda la vida. Debe ser porque es algo muy íntimo y algo sobre que supuestamente las personas queremos tener el control, que sea sólo nuestro, y yo decido.

Es una agresión que tú en ningún momento permitirías si no fuera por el poder encima, porque es brutal, porque te amenazan. Y en el caso de la violencia política-sexual, una está vendada, con una venda en los ojos, y desnuda. Entonces es la indefensión total. Es justamente el arma que usan en estas detenciones, en las guerras, en los conflictos armados, en todas partes. Es porque saben que es la agresión mayor que podemos vivir las mujeres.

Durante la dictadura usted fue detenida y vivió violencia político-sexual. ¿Cómo ha conseguido salir de la condición de víctima y seguir siendo luchadora y activista?

Eso fue muy difícil. Yo estuve presa un mes en el Estado Nacional en el octubre del 1973, muy luego después del golpe. Y eso fue brutal. La vida se divide en un antes y después y ya no puedes recuperarte. Son muchos años que se demora una en rearmarse un poco. Yo estuve 14 años sin contarle a nadie lo que había sucedido.

Y allí, derecho a la psiquiatra porque me empezaron síntomas corporales: algo me apretaba la cabeza, tenía insomnio. Estuve como 3 años en terapias y cuando logré desbloquear eso que mi cerebro no quería mostrarme, fue super importante. Allí empecé la etapa más de sobrevivencia.

Sin embargo, nunca renunció al activismo…

Durante todos estos 14 años yo ni siquiera me preocupé de mí misma, fue un activismo pero así feroz. Estuve 10 años en el exilio, volví justo en el 1983 con las protestas. Entonces me tocó esta etapa en que Chile estaba también despertando y me incorporé a esa lucha con todo. Recién después de 14 años, me di cuenta, que algo me estaba pasando a mí y entonces me di cuenta que todo este activismo hasta el cansancio había sido para justamente no pensar. También comprendí que si yo no seguía en ese activismo, en esa pelea, allí sí me iban a derrotar.

Entonces, pese al miedo y todas las cosas, seguí peleando aquí en Chile. Volví a caer presa de nuevo en el ‘85 en una manifestación callejera. Allí sentí el miedo pero fue distinto, no fue tan brutal. Caí presa muchas veces en las manifestaciones, pero ya no sentía miedo porque algo había cambiado, no era lo mismo que al comienzo de la dictadura. Recién 30 años del golpe, cuando yo vi en el informe Valech los testimonios de las mujeres, allí recién yo dije, esto nos pasó a todas. Lo tremendo de eso fue el silencio de las mujeres durante tantos años sobre lo que había sucedido.

¿De dónde proviene este silencio?

Las mujeres no contamos. Hay mujeres, presas en tiempo de dictadura, amigas mías, que nunca han contado lo que les pasó. Eso yo creo que tiene mucho que ver con toda esta socialización de las mujeres en una cultura androcéntrica. Nosotras siempre nos postergamos. Yo lo sentí tan patente cuando vi lo del informe Valech, muchas pensábamos lo que a nosotras nos había sucedido era menos que los detenidos desaparecidos y los ejecutados. Entonces, nunca hablamos de la tortura porque eso era peor.

Y después también es la socialización en la maternidad, en el cuidado de los otros, cuidar a los hijos, a los sobrinos, a todos, de que no sepan que exista esa crueldad, esta maldad. Entonces también es parte de esta cultura, de esta civilización patriarcal. Y si las mujeres no hablamos, y no vamos poniendo esto, entonces nada se mueve, queda oculto.

Y es tan difícil hablar, decirlo. Pero el silencio es fatal, en todos los sentidos. Tenemos que hablar, tenemos expresar lo que nos pasa. Porque no somos responsables. Es otro él que es responsable. No tenemos que sentir ni culpa ni vergüenza y así vamos aireando nuestros mundos y lo vamos compartiendo, vamos reflexionando con los demás. Y en eso también escuchan las niñas y los niños, los que están en nuestro entorno y van formándose de otra manera, no en el silencio sino en la expresividad, en la denuncia, en el buscar afirmarse de manera de terminar con eso.

¿Siente que es importante vincular la memoria de la violencia político-sexual que pasó en dictadura con la lucha contra la violencia que ocurre hoy día?

Creo que es mejor pensar la violencia político-sexual como un continuo. Porque hay una tendencia a una comparación y entonces una tendencia de decir que ahora también estamos en dictadura. Pero me parece que ha cambiado tanto la sociedad, han pasado tantas cosas desde los tiempos de la dictadura hasta ahora. Fueron 17 años de una dictadura que no respetó nada, no había ni una institución funcionando. No había nada de representación popular. Incluso los recursos de amparo, que ponían los abogados eran desestimados por la corte suprema. No había defensa, nadie nos defendía.

Ahora tenemos la posibilidad de expresarnos, de denunciar, de exigir, existe el INDH (Instituto Nacional de Derechos Humanos), existen observadores internacionales. Existe también esta otra posibilidad de la tecnología, que tú puedes filmar algo y tienes una prueba. No son comparables las agresiones aún que sí tienen el mismo contenido, esto de adentrar a las mujeres que no les corresponde ese lugar público, ese lugar de denuncia y protesta. Que su lugar está en la casa, cuidando los niños.

¿ Usted forma parte de la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres. ¿Qué hacen la Red y otras organizaciones feministas para combatir esta violencia?

Estos últimas décadas, se ha visto un auge tremendo del feminismo. Ahora reciente en 2018, las tomas de las universidades que hicieron las mujeres solas como feministas, y después el 8 de marzo de 2019, eso fue a nivel de país sorprendente. Y ahora en las movilizaciones, lo que más se ve son los pañuelos feministas y las banderas mapuches.

Se va notando un cambio en la sociedad. Las mujeres ahora participan como mujeres, son feministas, participan en las manifestaciones y una sabe por qué pelea. Antes también lo sabíamos pero teníamos una condición que era secundarizada. Nos tomaban presas porque andaban buscando a nuestro papá o a los maridos. Aunque fuéramos también militantes no consideraban esa actuación de las mujeres.

En cambio, ahora, sí las mujeres participamos con esa conciencia de transformación de la sociedad. Esto es un cambio que hemos ido haciendo las mujeres feministas principalmente durante estos años. Si no podemos influir directamente en la institución de carabineros en este caso, si influimos en la sociedad entera, en la cultura.

El gobierno de Piñera reacciona a las protestas actuales nuevamente con represión y con violaciones a los derechos humanos. ¿Cómo usted ha vivido esto?

Fue bien impactante para mí los primeros días del estallido, sobre todo cuando sacaron a los militares a la calle. Sentí una preocupación terrible por las y los jóvenes, que no habían tenido esa experiencia anterior y son más temerarios  y se quedaban afuera con el toque de queda. Me daba miedo, que los militares los mataran.

Fueron bien duros esos días. Después, también ver esto tan sistemático de la violencia político-sexual y de la violencia en los ojos. Eso, otra vez? Se me venía a la mente esa crueldad, eso intencionado, tan cruel y consciente, porque no es casualidad. Y eso otra vez, me removió dentro eso que yo sentía en el estadio: la crueldad incomprensible y desconocida.  Nosotras éramos muy jóvenes, yo tenía 22 años. No conocíamos esa crueldad. Después, yo pensaba en todos estos años de democracia, como se ha tratado de difundir y de hablar y de tirar la consigna del „nunca más“.

Y ese nunca más me resonaba ahora. Otra vez esta crueldad, otra vez esta agresión. Eso, a una le va desesperanzado un poco. Es como la historia fuera circular. Pero también te sirve para seguir en la pelea intentando a reflexionar, a conversar a la raíz de la experiencia que una tiene.

¿Qué influencia tiene la violencia político-sexual en las protestas actuales?

A mí me produce cierta preocupación que en estos enfrentamientos como la violencia política-sexual y la mutilación de las personas, nosotros, los manifestantes, nos vamos apertrechando a una posición defensiva. Ha cambiado el foco, ya no se trata de nuestras demandas sociales como un mejor sistema de pensiones y de salud, una educación no sexista, nada de eso suena, solo los derechos humanos y las querellas y las denuncias. Entonces, vamos perdiendo.

Nosotros que éramos luchadores contra todo un sistema de abusos nos transformamos ahora en víctimas de esta represión y eso es muy preocupante. Es un conflicto en el que el gobierno va ganando terreno. Yo digo que las personas que han muerto y que han sido mutilados tienen que ser una inspiración para la lucha, para que conversemos estas ganas de seguir peleando por las causas que motivaron este estallido.

 

VOCES DE LAS PROTESTAS

„En Chile se tortura“ El presidente Piñera tiene las manos manchadas de sangre (Foto: Diego Reyes Vielma)
Despertar en Chile estos días se ha sentido como amanecer con caña. El viernes 18 todos fuimos a una fiesta: Ver cómo el país se ponía de acuerdo para desafiar el sistema nos llenó de una vitalidad que sólo te entregan la desobediencia y la juventud. Estos últimos, los anfitriones del evento. Estábamos cansados, Chile estaba fallando. El oficialismo se despojó de política y diplomacia (si es que alguna vez la tuvo), empezaron a lanzar comentarios desatinados. Dijeron, por ejemplo, que las personas hacían vida social en las filas de los consultorios, por gusto. Otro dijo que nos levantáramos más temprano para hacerle el quite al alza del transporte y en su momento, el presidente preocupado por el estado de la economía, pidió que nos encomendáramos a la virgen. El viernes las calles estaban llenas de gente bailando, gritando, saltando los torniquetes del metro y cuando el fuego estalló en las avenidas nos sorprendió, pero no nos dolió tanto, porque parecía casi una reacción natural a la falta de vergüenza de la clase política. Una combustión. La cosa es que el dolor en el país estaba acumulado, ante los ojos de nuestros representantes los ciudadanos nos transformamos en simples números, en cifras, en cantidad de votantes; los políticos (de izquierda y derecha) se dedicaron a consolidar la economía, a que Chile fuera una tierra fértil para que el extranjero invirtiera. Pero, ¿qué pasó con la vida de las personas? ¿Quién pensó en nuestra intimidad y nuestros sueños? Chile se llenó de logros, le pusieron “el jaguar”, nos jactamos de ser OCDE (La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​) y este año seríamos sede de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) y la COP25 (La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático) en medio de la crisis global. Hoy hay gente muerta, hay gente herida, violada y torturada, traumas de la historia que volvieron a abrirse y la clase política sigue enfrascada en discursos sin soluciones, sin sensibilidad, sin compromiso y sin reflexión. Esa es la peor parte de la caña: la náusea, el mareo, la incomodidad generalizada en todo el cuerpo, que permea a la psiquis, que te rompe el corazón entre el terror y la incertidumbre. Somos huérfanos de líderes, nos convertimos en la oposición que no sabe qué hacer con el poder que está conquistando y seguimos borrachos de abuso sin ningún remedio que ponga fin a este malestar.

// Juan Cruz Giraldo (27), periodista, Santiago 

 

El cierre de todas las estaciones del metro de Santiago, provocó el estallido. Violento. Caótico. En ese momento, con mi esposa sentimos temor; no pudimos volver a nuestro hogar sino hasta el día siguiente. Con el correr de las horas nos dimos cuenta que esta “revolución” no pararía hasta lograr la renuncia del presidente Piñera. Llegó el momento de terminar con 30 años de abusos. Comenzamos a participar en las manifestaciones. Vimos esperanza en los ojos, gritos y sonrisas de la gente, esta fiesta de la libertad nos llenó el alma. Pasaron los días; una semana, y no hubo respuestas de las autoridades (en rigor, respuestas insatisfactorias y torpes) y el cansancio comenzó a dejar huellas físicas y mentales. La última marcha fue la prueba: sentimos temor por la violenta represión de los carabineros. Quizás a eso apuestan las autoridades, al cansancio y al miedo, aliados poderosos para la represión. Ahora nos invade el miedo; miedo de no lograr nada y que todo lo vivido se recuerde como una pintoresca postal de la Plaza Italia llena hasta las banderas, pero sin haber logrado los objetivos trazados. Miedo que se hace latente. Miedo que se hace presente. Hay muertos, heridos, graves violaciones a los Derechos Humanos y me pregunto ¿qué están dispuestos a hacer para lograr “instaurar el orden”?

// César Calquín Cavieres (36), periodista, Santiago

 

A los 16 años el fascismo quebrantó mi adolescencia, pero no mi conciencia, apagó mi sueño de poeta libertaria, pero no mi compromiso con la vida, mató, desapareció mis afectos más cercanos, pero mi corazón no les permitió el olvido, silenció a un pueblo obrero que enarbolaba una consigna de justicia e igualdad, pero desde el dolor más profundo se levantó la lucha, logrando la caída del dictador. Hoy, son los mismos los que siguen abusando de una población explotada, empobrecida, marginada, hoy son los mismos los que sacan a la calle metrallas para oprimir, pero hoy se encontraron con miles y miles de jóvenes, adultos, ancianos, anarcos, valientes, rebeldes, despiertos, dispuestos a defender la dignidad.

// Ana Maria Rojo, Horcón, Valparaíso

 

Yo vivo en la Población Nuevo Amanecer, también conocida como la ex-Nueva Habana. Durante muchos años la Población cayó en las mismas lógicas capitalistas y neoliberales de mirarse el ombligo y velar por el bienestar propio. Las familias dejaron de compartir helados en la plaza, el vecino era un desconocido y, por lo tanto, incluso un potencial enemigo. Las oficinas de la Junta de vecinos (un espacio de organización básico y fundamental en cualquier barrio) pasaron a ser un espacio muy reducido, y que tan sólo se dedicaba a entregar algunos documentos municipales y necesarios para trámites burocráticos.
Hoy la cosa cambió. Los militares no tocan la Población por estar ocupados torturando y desapareciendo gente en lugares más complicados. Los pacos no se acercan, se ha optado por estrategias de brutalidad que les empujan a „quedar sin personal“. En este escenario las amenazas de enfrentamientos entre las poblaciones hermanas han invitado al resurgimiento de la organización vecinal. Cosas tan sencillas como un grupo de WhatsApp, cacerolazos en la plaza, la olla común, el cuidado del agua (por y para el otro). He vivido 23 años en ésta población y siento un amor profundo por ella; Por sus espacios, por su gente, y por su lucha, pero nunca antes habían sido mis espacios, mi gente y mi lucha. Ese discurso se repite en muchas casas y barrios del país. Es por eso que el gobierno tiene que temer y no dejar de temblar de miedo. La organización vecinal despertó, el estupor de la rutina quedó atrás. Hoy la lógica dejó de ser „yo lucho por mi y por mi familia“ y se ha vuelto un „yo lucho por mejorar mi país“. Si yo estuviera en este gobierno, no podría imaginar un escenario más aterrador.

// Dante (22), estudiante de pedagogía, Puente Alto, Santiago

 

Desde el 18 de Octubre vemos como la dictadura liderada por Augusto Pinochet nunca terminó. Solo faltaba que el pueblo se rebelara para volver a ver a los militares reprimiendo. Desde niño escuché las historias de los adultos que vivieron la dictadura asesina de los militares traidores. Historias que hablaban sobre muertos en las calles, militares disparando en los barrios, de torturas, desapariciones, violaciones y abusos extremadamente graves. Hoy veo con rabia e impresión cómo los militares regresaron a masacrar a su propio pueblo, hoy veo con decepción cómo la policía (Carabineros de Chile) dispara a estudiantes, a ciudadanos y ciudadanas que se manifiestan o simplemente van caminando viviendo su cotidianidad, cotidianidad que desde el 18 de Octubre no es la misma, no es como se la contaron al mundo ni como nos hicieron creer a nosotros. Durante este fin de semana vi la peor represión en mi propio barrio, vi como la policía pasaba por las calles disparando tal como lo hacían las hordas militares en la II Guerra Mundial, realmente era una escena de película. Los vecinos y vecinas de la comuna comentaban que la policía estaba disparando en los colegios y escuelas; viendo con horror cómo los comentarios eran reales. Miré con dolor y horror las espaldas de los niños y niñas torturados por la policía, golpeados hasta deformar sus cuerpos, cuerpos de entre 13 y 16 años de estudiantes valientes que desafían la violencia de una dictadura que nunca terminó y que hoy administra el corrupto y asesino de Sebastián Piñera. Desde Chile le pido a todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo que se rebelen y que apoyen las rebeliones que hoy ocurren en el mundo, que botemos a los dictadores y que nos ayuden a presionar al Estado de Chile y al presidente asesino a que renuncie y deje de asesinar a su propio pueblo. Latinoamérica será la tumba del capitalismo.

// Victor Novoa (31), Maipú, Santiago

 

Policía fuera de control „Fuerzas de seguridad“ apuntan a la cabeza (Foto: Diego Reyes Vielma)

 

Ayer me despedí de la vida cuando un paco levantaba su arma. Estaba muy cerca como para salir ilesa de esa mala jugada. Me di vuelta para abrazar a una amiga que me seguía. Mientras pensaba “ya fue, mejor protejo a mi amiga”. Ella solo dijo “weona” y me miró con cara de final. Una salvadora gritó “paco culiao te estoy grabando”. Todo se detuvo con ese grito. El paco comenzó con un control de identidad, dijo idioteces al azar; una que me irritó fue que al mirar a mi amiga, dijo que andar con pañuelo verde (feminista en este caso) era un delito. A ese nivel están, reprimiendo los pañuelos verdes. Yo recién pude respirar mejor cuando el paco dijo mi nombre mal. Me dijo Asisa. No lo quise corregir porque si hablaba, no iba a parar. Dejé de tener miedo cuando me di cuenta que él tenía más miedo que yo. Miedo de que si este sistema termina de irse a la cresta, se haga justicia y se hunda con él la mierda. Espero que suceda.

// Aissa (28), Maipú, Santiago

 

Cacerolazo Esta forma de protesta tiene tradición en Chile (Foto: Vania Berríos)
Estos días no he parado de mirar las cacerolas de la gente. He retratado muchas, pidiéndole a sus dueños que se las pongan como máscaras, para que sus cacerolas los describan. Son algo muy especial. Primero está el objeto original, que no siempre es una cacerola. A veces es un tarro, una tapa, hasta una tetera o una canaleta metálica. Algunas veces es una olla nada barata. Algo dice de ti la cacerola que tienes. Tú la elegiste. O esa es la que te dio el sistema. Muéstrame tu cacerola y te diré quién eres. O quién te tocó ser. O dónde te tocó estar. Pero lo que más me sorprende son las huellas de los golpes sobre el metal. Cuántos golpes tiene cada una, con qué intensidad fueron dados, con qué frecuencia. Lo veo como un medidor de la rabia acumulada. Cuando he visto algunas que parecen un papel arrugado, en que ya no se distingue su forma original, pienso que quien la lleva hace mucho estaba masticando frustración. Y cuando veo una nueva, pienso: “tu cacerola no tiene marcas, ¿qué haces acá?”. Pero luego me doy cuenta de que hay gente que recién se entera de la rabia que tiene dentro. Y estaba bueno que en algún momento comenzaran a sacarla fuera. Aunque para eso tuvieran primero que ver cómo millones a su lado llevaban tiempo haciéndolo.

// Moisés Sepúlveda, cineasta, Santiago

 

Lo que ha sucedido las últimas semanas en Chile no lo veía veni, yo creo qualnadie se lo esperaba. El descontento social llegó a niveles tan grandes que las movilizaciones han sido históricas, llevamos semanas en que nuestras vidas se han paralizado, salimos a la calle con ollas y cucharas de palo para que se escuchen nuestras demandas. Lamentablemente, el gobierno no quiere escuchar y trata de callarnos mediante la violencia. Por primera vez desde el retorno de la democracia, el gobierno ha llamado a los militares a la calle, por primera vez, desde 1987, en Chile se vivió un toque de queda.  En estos días, carabineros y militares han matado, mutilado, violado y torturado. Como estudiante de periodismo condeno el actuar de los medios de comunicación y su alianza con el gobierno para no mostrar lo que pasa en las calles y hacer parecer que los manifestantes son los violentos. Marcho con miedo de que me pueda llegar una bala, mi abuela me llamó para decirme que por favor no me exponga y que ande desarreglada porque, si un milico querría, podría violarme. Tengo pena, rabia y también miedo. Pero, por encima de todo, tengo fe en los y las que luchan para cambiar la realidad en que vivimos.

// Gabriela Pineda Cárcamo (22), estudiante de periodismo, Santiago

 

Mari mari pu lamngen (Hola a todas las hermanas). Esta „revolución“ del pueblo chileno me tiene muy contenta como mapuche. Siento que por fin se estan despertando las conciencias de las personas. Están peleando por algo justo: por sus derechos. Algunas de las cosas por las que luchan son las mismas por las que hemos peleado durante muchos años como pueblo mapuche. La  deconstrucción del estado chileno es algo que tiene que pasar: Hay que crear una nueva constitución donde todo sea justo para el pueblo. Por otro lado, es lamentable las violaciones a los derechos humanos que están ocurriendo. Siento que esto tiene que dar más fuerza para seguir luchando. Admiro mucho a todos los que están dando la pelea en la calle. A veces hay que quemarlo todo para empezar a construir algo mejor. Fey muten pu lamngen (No hay más que decir, hermanas)

// Ninoska Pailakurra (25), Trangül, Wallmapu

 

Desde la zona sur del país veo a la movilización social y al levantamiento popular como algo que tenía que ocurrir por todos los problemas sociales y demandas no resueltas. El gobierno nos hace creer que todo lo puede solucionar con medidas parches pero sin ir a las cuestiones de fondo. Como mujer campesina pienso que los recursos naturales tienen que ser incluidos en la nueva constitución porque es lo que nos da garantía de seguir existiendo en los campos.A la vez muchos de los problemas que nos afectan tienen que ver con el acceso a las distintas áreas sociales como la salud, la educación, las semillas y el comercio solidario, donde podamos seguir practicando nuestra economía con base en la confianza y la solidaridad, diferente a la especulación de las empresas sobre la alimentación y la producción del pueblo. Pienso que nuestras propuestas campesinas tienen que acompañar la movilización, que no puede terminar sin antes establecer condiciones mínimas para la instalación de una asamblea constituyente que nos llame a construir entre todas y todos el país que queremos. En mi región el alzamiento popular se ha respaldado mediante marchas pacíficas, actos culturales y cabildos para pensar temas que incorporar a la nueva asamblea constituyente. En estos espacios participamos en diferentes instancias desde lo urbano al plano de las mujeres campesinas. La movilización nacional también es complementada desde la lucha de los territorios campesinos porque los problemas que sufren las ciudades son transversales a todo el territorio nacional.

// Alejandra Carrillo Manríquez (39), campesina, Coyhaique, Region de Aysén

 

Escuché de presidentes a partir de 1990, antes de eso no existía autoridad nacional para mí. Solo éramos personas que tocaban la cacerola con cuchara de madera desde el patio trasero, atentos a cuántos vecinos se unían desde la clandestinidad. El 18 de octubre me encontraba en un edificio de la Alameda, cuando el metro cerró sus estaciones para repeler el „ataque violento de los escolares“ que llamaban a evadir el pago del pasaje, en un nuevo intento por hacernos reaccionar. Así, sin aviso ni justificación válida, las calles de Santiago se llenaron de trabajadores caminando kilómetros para reunirse con sus familias. Un golpe inhumano en contra de esta sociedad aplastada, silenciada por reglas hechas por y para ricos. Así, desde la ventana vi a estudiantes y trabajadores desesperanzados toparse con carabineros, que llegaron a reprimir a quienes se agolpaban en las estaciones y gritaban su frustración. Uno a uno fueron tomando piedras y las arrojaban contra el carro lanza agua, recibiendo disparos de lacrimógena y balines. Querían disuadirlos, pero ¿dónde pretendían que se fueran si no podían llegar a sus casas? Así comenzó el estallido. Volvimos a quedar sin presidente y a reconocernos a través del sonido de las cacerolas.

// Fernanda Guerra Vidal (35), abogada, Santiago

 

No hay comparación „Piñera evadió 388 millionen de pesos. Tú 83 pesos“ (Los 83 pesos se refieren al alza de la tarifa del metro en Santiago) (Foto: Diego Reyes Vielma)
Aunque el caminar se ha hecho complicado y la libertad haya sido cuestionada; el despertar de consciencia asusta a quienes tienen el poder, a quienes siempre se han tomado, incluso la mayor cantidad de sol. Hoy, nos vemos involucrados en una ola de revolución, en el afecto con que todos y todas se encargan de movilizar tan hermoso movimiento sociopolitico. Sin embargo, nuestro amor esta siendo puesto en duda por el poder, somos atacados por querer, detenidos por amar y asesinados por gritar libertad. 
El Sur llorallora a quienes parten a la tierra, llora a quienes sufren el abuso del Estado de Chile, lloramos y lo hace también la humanidad, porque cuando el animal-hombre llora, llora también la tierra y el llanto se hace lluvia, en Chile lo que llueve sabe a sal. 
Estamos con el corazón abierto, con el puño levantado, con la garganta llena de rabia, con la memoria atenta y sobre todo con el amor dispuesto a terminar con todo lo que nos mata.

// Rodrigo De La Mar Palma Nuñez (39), psicopedagogo, Melipulli, Wallmapu (llamado Puerto Montt, Region de Los Lagos, por lxs colonizadorxs)

 

De pronto, volví a ser una niña de 11 años, acurrucada con su madre y su hermana, escuchando los aviones de guerra, mientras mi padre y mis hermanas mayores huían de su seguros captores. De pronto, volví a ser una adolescente, cargando con la diferencia, con el estigma del silencio.  Volví a la universidad, con libros y pasamontañas, con besos y rebelión popular. Volví a los golpes, a los muertos, a los desaparecidos. De pronto, como en una pesadilla, volví a ser una niña agarradita de una madre que partió de este mundo, demasiado pronto.
Después de 46 años, ubicada en posición fetal, tuve un renovado miedo, una sensación de golpe en descampado, una culpa por no haber dado, tal vez, hasta el último aliento. Pertenezco a una generación de mujeres que creció con la certeza de que el abuso sexual era parte de un sistema de represión sistemático y que la imaginación siempre sería superada por la realidad. El recuerdo de la casa de tortura llamada la Venda sexy, que funcionó en la época de la dictadura en Chile, me invadió el cuerpo hasta el temblor más íntimo. 
Después de 46 años, desde mi balcón o mientras marchaba por las calles de mi ciudad, he vuelto a ver a los militares disparando a los ojos, como si pudiera una balín de goma enceguecer la historia. Vi, por primera vez, las llamaradas entrando por las distintas avenidas de la ciudad, como una pira que hace arder un orden que parecía invencible.
Mis emociones han estado fluctuando entre la rabia, la pena y la alegría. He llorado por la sordera de la clase política y me he reído por el ingenio de los carteles. He tocado las cacerolas y vigilado el actuar militar desde mi balcón. Cuando un colega de mi trabajo me dijo que aplaudía la presencia militar en las calles, le exigí respeto. Soy una sobreviviente, exclamé. Guardó silencio. 

He conversado con jóvenes, y en primer lugar, les he advertido del peligro, de las detenciones arbitrarias, de las torturas y las desapariciones. Luego de ello, me dispuse a escucharlos. Nuestros análisis de coyunturas se han quedado cortos. No solo el gobierno tiene que aprender a escuchar, porque la explosión masiva de la gente y la pira que arde en las ciudades de Chile nos exige a todos y todas una mirada nueva y un actuar consecuente. Todavía hay una niña asustada y huérfana en mí, pero ello no me inmoviliza. Hoy, una niña de 11 años, está reclamando salir para repararse de una infancia que le fue arrebatada.

// Uca Torres Mora (57), Poetin, Concepción, Region del Bío Bío

 

// Traducciones: Caroline Kassin, Martin Schäfer, Susanne Brust, Elisabeth Erdtmann, Hannah Katalin Grimmer, Wiebke Stork, Sophie Metzler & Julian Keck