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Peter Thiel nació en Frankfurt en 1967 y emigró de niño a Estados Unidos. Estudió filosofía y derecho en Stanford, donde en los años ochenta fundó The Stanford Review, una revista conservadora y libertaria que cuestionaba lo que consideraba el clima progresista dominante en las universidades estadounidenses.
Su salto empresarial llegó en 1998 con la creación de PayPal. La empresa, que luego incorporó a Elon Musk, fue vendida a eBay en 2002 por 1.500 millones de dólares y convirtió a Thiel en millonario. Con ese capital lanzó los proyectos que terminarían de consolidar su influencia en Silicon Valley.
En 2003 fundó Palantir Technologies, una empresa especializada en análisis masivo de datos e inteligencia artificial que trabaja con agencias militares y de seguridad de Estados Unidos. Un año después se convirtió en el primer gran inversor externo de Facebook con una participación inicial del 10,2%. A su alrededor empezó a consolidarse una red de empresarios e inversores tecnológicos, la llamada “PayPal Mafia”, que hoy En abril de 2026, un jet privado aterrizó en Buenos Aires.
A bordo viajaba Peter Thiel, fundador de Palantir, cofundador de PayPal junto a Elon Musk y uno de los empresarios más influyentes de Silicon Valley. En los días siguientes se reunió con Javier Milei, asistió al famoso Superclásico entre Boca Juniors y River Plate y compró una mansión de 1.600 metros cuadrados en una de las zonas más exclusivas de la ciudad por doce millones de dólares. Después viajó a Chile. Antes había estado en Ecuador. En este artículo se busca indagar en la visita del magnate tecnológico por América del Sur, identificando los objetivos y consecuencias geopolíticas que tiene para la región.
Peter Thiel nació en Frankfurt en 1967 y emigró de niño a Estados Unidos. Estudió filosofía y derecho en Stanford, donde en los años ochenta fundó The Stanford Review, una revista conservadora y libertaria que cuestionaba lo que consideraba el clima progresista dominante en las universidades estadounidenses. Su salto empresarial llegó en 1998 con la creación de PayPal. La empresa, que luego incorporó a Elon Musk, fue vendida a eBay en 2002 por 1.500 millones de dólares y convirtió a Thiel en millonario. Con ese capital lanzó los proyectos que terminarían de consolidar su influencia en Silicon Valley.
En 2003 fundó Palantir Technologies, una empresa especializada en análisis masivo de datos e inteligencia artificial que trabaja con agencias militares y de seguridad de Estados Unidos. Un año después se convirtió en el primer gran inversor externo de Facebook con una participación inicial del 10,2%. A su alrededor empezó a consolidarse una red de empresarios e inversores tecnológicos, la llamada “PayPal Mafia”, que hoy ocupa un lugar central en la política y la economía digital estadounidense.
Thiel también fue uno de los primeros grandes empresarios tecnológicos en apoyar públicamente a Donald Trump en 2016. Desde entonces, su influencia política no dejó de crecer.
En un ensayo publicado en una revista libertaria en 2009, llamado The Education of a Libertarian, Thiel escribió una frase que hoy en día expone buena parte de su pensamiento político: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles.”
Esta declaración de principios se convirtió en lo que se conoce como Ilustración Oscura (o Dark Enlightenment). Una corriente reaccionaria y tecnolibertaria que propone reemplazar las instituciones de la democracia liberal por formas de gobierno inspiradas en la lógica corporativa y jerárquica, dirigidas por élites tecnológicas. Así buscan sostener el liderazgo de Occidente.
Su principal referente intelectual es Curtis Yarvin, cuyo seudónimo literario es Mencius Moldbug. Yarvin propone el “neocameralismo”: un modelo político basado en la soberanía como propiedad privada y la fragmentación del mundo en unidades de gobernanza que pueden ser jerárquicas, teocráticas u oligárquicas, según el mercado decida. En palabras simples, que los Estados funcionen como empresas privadas. De esta forma, Yarvin busca acabar con lo que denomina “la Catedral”, una estructura internacional de instituciones de la democracia liberal que, simulando neutralidad y pluralismo, reproducen el consenso progresista.

Thiel ha invertido en empresas de Yarvin, y éste ha descrito públicamente a Thiel como un personaje “completamente iluminado”. El actual vicepresidente de EE. UU., JD Vance, ha citado a Yarvin como influencia directa y le debe a Thiel la donación más grande en la historia de una campaña al Senado: quince millones de dólares en 2022. Thiel se convirtió en un financista y exponente estratégico de la ilustración oscura. Su pensamiento vincula una visión apocalíptica del cristianismo con la teoría política de Carl Schmitt. En un ciclo de conferencias privadas realizadas en 2025 que se filtraron, ha descrito el momento actual como análogo a la caída del Imperio Romano. Afirma que una civilización que no puede sostenerse necesita ser reemplazada, no reformada. De ahí que su apuesta sea por acelerar su colapso para que algo más eficiente lo sustituya.
El proyecto: la ilustración oscura
Esta posición tiene una consecuencia geopolítica que Yarvin sintetiza como la “doctrina Gorbachov al estilo estadounidense”. Lo usa para comparar el momento en que la Unión Soviética desmanteló el Pacto de Varsovia con la situación actual EE. UU., pues Trump estaría “abandonando el imperio” de la posguerra para redistribuirlo. “Cuando Vance se pronuncia a favor de la AfD, en realidad se pronuncia en contra de todo el orden de la posguerra”, indicó a inicios de 2025 en una entrevista en Le Grand Continent. Según su visión, los Estados sin capacidad de ser soberanos deben desaparecer y ser colonizados o recolonizados. ¿Quién gana en este escenario de caos total?
La respuesta de Thiel es Palantir Technologies. En abril de 2026, la empresa publicó un manifiesto de veintidós puntos. Es un manual geopolítico empresarial para el siglo XXI. Sostiene que la supervivencia ya no depende de la diplomacia estatal tradicional, sino de la disuasión algorítmica basada en software, inteligencia artificial y sistemas de defensa tecnológicos. La pregunta es quién desarrollará estas tecnologías y con qué propósito. Su proyecto es transformar el Estado en una filial de la infraestructura digital privada, vaciando la soberanía de su dimensión democrática y reemplazándola por la ley de la selva empresarial en un escenario de digitalización absoluta. Una distopía “orwelliana” camuflada como utopía de Silicon Valley.
Con todo, para América Latina el “momento Gorbachov” se convierte en la actualización de la doctrina Monroe, una nueva forma de colonialismo al servicio de un mundo digitalizado. Al dar por muerto el orden liberal de posguerra, EE. UU. redefine a América Latina como patio trasero con nuevas reglas. El viaje de Thiel por América Latina se inscribe en esta lógica y es parte de la avanzada diplomática del tecnofascismo en países afines.
En su viaje, Peter Thiel se mueve dejando la menor cantidad posible de rastros públicos. En Ecuador no dejó registros oficiales de su reunión con el presidente Noboa. En Argentina, los funcionarios apenas dejaron trascender que conversaron sobre “geopolítica y economía”. Y en Chile, por una denuncia anónima ante la Cámara de Diputados que supimos que se había reunido con el presidente Kast. Johannes Kaiser, excandidato presidencial de la ultraderecha chilena, y Santiago Peña, presidente de Paraguay, fueron de los pocos dirigentes que dieron pistas concretas sobre el viaje del tecnomagnate.
Cuando se reunió con el presidente Daniel Noboa de Ecuador, lo poco que trascendió es que uno de los temas centrales fue la expansión de los acuerdos entre Palantir y el Estado ecuato- riano. La hipótesis no surge sólo de esa visita: unos meses antes, funcionarios ecuatorianos ya se habían reunido en el Foro Económico Mundial en Davos con Alex Karp, CEO y socio histórico de Thiel en Palantir, para discutir nuevas áreas de cooperación.
De esta manera, Ecuador se convirtió en el principal terreno de experimentación y puerta de entrada de Palantir en América Latina. Desde 2025, la empresa mantiene un contrato con el Servicio Nacional de Aduana para tareas de control aduanero vinculadas al combate del crimen.
Ante el éxito de esta colaboración, las conversaciones en Davos empezaron a ampliarse hacia otras áreas sensibles como la minería y la pesca. De esta forma, bajo el pretexto de eficiencia, el Estado ecuatoriano empezó a ceder funciones estratégicas de seguridad e inteligencia a una corporación privada estadounidense.
La gira de Thiel por el resto de Sudamérica parece seguir la misma lógica. Johannes Kaiser afirmó que Thiel estaba “buscando invertir en materia de minería”. Por su parte, el presidente paraguayo Santiago Peña contó que conversaron sobre “las oportunidades que Paraguay ofrece para el capital privado en sectores como inteligencia artificial, energía y tecnología financiera”. Detrás de esas reuniones aparece una misma ecuación: minerales críticos para el desarrollo de sus tecnologías, energía barata para alimentar infraestructura digital y acceso a sistemas estatales vinculados a seguridad, comercio y recursos estratégicos. La imagen se completa con el resto de los referentes latinoamericanos con quiénes eligió reunirse Thiel. Además de juntarse con Kaiser, en Chile tuvo una reunión secreta con el presidente José Antonio Kast. También conversó allí con José Piñera, ex ministro del Trabajo y Minería durante la dictadura de Pinochet.
El desafío democrático frente al tecnofascismoa
En Argentina, además de reunirse con Milei, también conversó con Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Luis “Toto” Caputo, ministro de Economía. El vínculo con Sturzenegger no es menor. Las reformas impulsadas por su ministerio modificaron regulaciones sobre tierras y protección ambiental que facilitan tanto la inversión extranjera como la expansión de proyectos extractivistas. Por su parte, la reunión con Caputo se dio en medio de las discusiones por el “super RIGI”, el esquema con el que el gobierno libertario argentino busca atraer inversiones tecnológicas y de infraestructura a gran escala.
Cuatro países, gobiernos afines y un solo plan. Santiago Caputo, asesor central de Milei y uno de los articuladores de los contactos entre Thiel, Kaiser y Peña, definió el objetivo como convertir a la Argentina en “un socio estratégico para EE.UU. en la carrera ‘mineral’ frente a China” y avanzar hacia “una doctrina de seguridad nacional de alineamiento sistémico con EE. UU.”. Más allá de las diferencias entre países, esa lógica atraviesa buena parte de las reuniones que marcaron la gira de Thiel por América del Sur.
La visita de Thiel a América del Sur no es casual. Ocurre en un contexto de crecientes tensiones internacionales y de retroceso de Occidente como fuerza ordenadora de la globalización. En ese escenario, los magnates como Thiel buscan reconstruir el poder occidental a partir de las ideas de la Ilustración Oscura: desarmar las estructuras de la democracia liberal y construir Estados con estructuras corporativas y jerárquicas. Para eso, Estados Unidos necesita garantizar acceso a energía, minerales críticos y tecnologías estratégicas.
Desarmar las estructuras de la democracia liberal y construir Estados con estructuras corporativas
En los últimos años, Trump avanzó en esa dirección. Su gobierno negoció acuerdos con Brasil para asegurar prioridad de acceso a minerales estratégicos y profundizó con la intervención sobre Venezuela, donde además de petróleo existen importantes reservas de coltán. Desde su regreso al poder, Estados Unidos destinó más de mil millones de dólares a proyectos vinculados con la extracción de minerales críticos en la región. La diplomacia de Thiel busca funcionar como una extensión de esa estrategia. Con gobiernos desreguladores como plataforma, Palantir busca acceder a recursos naturales, tierras y energía barata de la región. Al mismo tiempo, la empresa avanza sobre áreas sensibles del Estado, ofreciendo sistemas de procesamiento de datos, vigilancia e inteligencia para sectores vinculados con seguridad, comercio y administración de recursos estratégicos.
Eso es lo que habilita la disuasión algorítmica a escala nacional y regional: algoritmos al servicio del Estado que faciliten el acceso de Estados Unidos a los recursos críticos, mientras normalizan el control social. El ejemplo más visible de esto es el vínculo entre Palantir y el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés) estadounidense, donde estas tecnologías ya forman parte de políticas de vigilancia y control migratorio.
Frente a este escenario, el problema para América Latina es económico, tecnológico y político. La expansión de empresas como Palantir plantea preguntas de soberanía, control democrático y dependencia en una etapa donde los datos, la infraestructura digital y la inteligencia artificial empiezan a ocupar un lugar sumamente estratégico. En este contexto, el desafío está en construir alternativas políticas capaces de disputar poder frente a este horizonte frenético digital que se avecina en manos de unos pocos.












